Cómo el bloqueo del estrecho de Ormuz puede derivar en una crisis macrofinanciera

La paralización del paso por Ormuz y la subida de precios energéticos aumentan el riesgo de tensiones financieras que podrían cerrar el grifo del crédito

El conflicto en Oriente Próximo y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula alrededor del 20% del crudo y gas mundial, han reavivado la preocupación por una perturbación que va más allá del alza de precios. La Comisión Europea ya ha avisado de que la situación se acerca a la crisis energética más grave de la historia, y esa escalada de costes tiene implicaciones directas sobre la inflación y el crecimiento.

El Pulso Económico Trimestral de EY Insights (edición de primavera de 2026) reúne la visión de una quincena de instituciones españolas sobre cómo este choque puede traducirse en tensiones financieras de mayor calado.

Canales de transmisión: de la energía a las finanzas

Los economistas distinguen el impacto inicial en el mercado energético del riesgo secundario que emerge en el ámbito financiero. Tras el efecto sobre precios y PIB, el principal peligro, según la mayoría de analistas consultados, es el endurecimiento del acceso a crédito que podría originarse en los mercados de intermediación no bancaria.

El canal de amplificación se refiere a cómo la volatilidad y ventas masivas pueden transformar choques puntuales en tensiones sistémicas, especialmente porque algunos segmentos del sector no bancario presentan alto apalancamiento y concentraciones elevadas.

Advertencia del FMI y factores de amplificación

El FMI ha subrayado que «la guerra en Oriente Medio pone a prueba la estabilidad financiera mundial» y reconoce que ya se aprecia un cierto endurecimiento de las condiciones financieras. No obstante, el organismo destaca que los riesgos más peligrosos provienen de los mecanismos que pueden amplificar la crisis: ventas forzadas, tensiones repentinas de liquidez y diferenciales de crédito comprimidos. Kristalina Georgieva y su equipo también advirtieron que cuanto más se prolongue el conflicto, más dañinas serán las consecuencias para el crecimiento y el empleo.

Diagnóstico para la economía española

El sondeo incluido en el informe de EY Insights concluye que España encara un shock de oferta moderado que se traduce principalmente en una subida de precios, mientras el crecimiento muestra resistencia. Tres de cada cuatro analistas anticipan que la guerra restará entre dos y cuatro décimas al crecimiento del PIB español este año; el Gobierno mantiene una previsión del 2,2% y ha elevado la estimación de inflación anual al 3,1%. Funcas ha rebajado en dos décimas su pronóstico, y la mayoría de casas prevén un crecimiento entre el 2% y el 2,5%, mientras nueve de cada diez economistas esperan un alza de tipos de entre dos y seis décimas durante el ejercicio.

Riesgos colaterales: alimentación y aranceles

El cierre de Ormuz no solo afecta a hidrocarburos: al ser un corredor clave para insumos como los fertilizantes, la ONU ha empezado a señalar el riesgo de que la crisis muten hacia problemas alimentarios. En el plano geopolítico y comercial, la tensión internacional y las nuevas medidas arancelarias —incluida la tarifa del 25% a los automóviles aplicada por el Gobierno de Donald Trump tras su regreso a la Casa Blanca— se suman como factores de riesgo que ya desplazan a la fragmentación política local en la lista de amenazas para la economía española.

Logística y horizonte temporal para la normalización

Los expertos en geopolítica y transporte coinciden en que, incluso con un acuerdo inmediato entre EEUU e Irán, la recuperación del tráfico por Ormuz y el restablecimiento de suministros será gradual. Bjorn Beam, de Arcano Partners, señala que hay miles de buques comerciales, entre ellos 426 petroleros, retenidos en el Golfo Pérsico, y que despejar esa cola llevará al menos un mes y probablemente varios. Muchas infraestructuras, como refinerías y terminales, han sufrido daños tras los ataques y requerirán años para su reparación. El Pentágono añade que la retirada de minas podría tardar hasta seis meses, por lo que el primer suministro significativo podría no llegar hasta finales del verano en el mejor de los escenarios.

Qué implica para empresas y reguladores

La combinación de precios altos, menor liquidez y mayor estrés en segmentos apalancados obliga a bancos, empresas y supervisores a preparar planes de contingencia. Es crucial vigilar el comportamiento de los fondos y vehículos de inversión no bancarios, reforzar la supervisión del riesgo de liquidez y mantener márgenes de prudencia fiscal para amortiguar eventualidades. La diversificación energética y medidas temporales de apoyo a sectores más afectados también forman parte del paquete de respuestas que se debate entre analistas y responsables públicos.

Scritto da Nicola Trevisan

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