La industria de la moda atraviesa una fase de reorganización en la que reciclaje, reutilización y diseño para alargar la vida útil de las prendas ganan protagonismo. Este cambio no solo obedece a presiones regulatorias o a la imagen corporativa, sino a una combinación de innovación industrial y cambios en el comportamiento de los consumidores, que solicitan productos más responsables.
Entender ese recorrido —desde la compra hasta el destino final de una prenda— permite diseñar estrategias más efectivas para reducir residuos textiles y fomentar una economía circular real.
Iniciativas empresariales que impulsan la circularidad
Varias compañías han comenzado a integrar fibras recicladas y procesos sostenibles en sus colecciones para responder a esa demanda.
Por ejemplo, la barcelonesa Mango anunció a finales del 2026 dos cápsulas para Mango Kids y Mango Teen hechas con fibras posconsumo de The Post Fiber, consolidando una colaboración orientada a convertir residuos textiles en nuevos hilos. En paralelo, la firma infantil Boboli presentó la colección Reborn by Boboli, fabricada íntegramente con hilos reciclados posconsumo dentro del proyecto Retexcat, impulsado por la Agencia Catalana de Residuos y respaldado por la Generalitat de Catalunya.
Estos ejemplos subrayan la apuesta por la materia prima recuperada y la cooperación público-privada.
Digitalización y gestión de excedentes
La digitalización también desempeña un papel decisivo. Plataformas de venta y proveedores recurren a tecnologías para visibilizar inventarios no vendidos y reincorporar esos excedentes a la cadena de suministro. Un caso representativo es la colaboración entre Shein y la start-up tecnológica Aloqia, cuyo objetivo es que los sobrantes de tejido entren en el proceso de diseño y aprovisionamiento, reduciendo la necesidad de producir materiales nuevos. Esta visibilidad facilita decisiones más circulares y eficiencia logística.
Qué muestran los consumidores: datos y comportamientos
La adaptación industrial se apoya en cambios en el comportamiento del público. Una encuesta realizada por Shein entre 674 españoles de 18 a 44 años aporta luz sobre hábitos reales: el 58% de los encuestados declara reciclar ropa con regularidad, situando a España como segundo país que más recicla entre los analizados. Le siguen Polonia (55%), Canadá (54%) y Francia (52%). Corea del Sur lidera el ranking con un 70%. Estos porcentajes muestran una tendencia favorable, aunque con margen de mejora si se refuerzan infraestructuras y accesos.
Reparación y circulación de prendas
Otro dato relevante es que el 66% de los encuestados españoles afirma haber reparado o alterado alguna prenda, lo que evidencia el papel de la reparación en la extensión de la vida útil. Cuando la ropa deja de ser útil para su propietario, las vías de reutilización más frecuentes en España son regalar a amigos o familiares y donar a organizaciones benéficas. Estos hábitos muestran una cultura de mantenimiento y circulación que, bien canalizada, puede reducir significativamente el volumen de residuos textiles.
Retos y recomendaciones para avanzar hacia la circularidad
El avance hacia una moda más responsable exige tres pilares: innovación en materiales y procesos, desarrollo de infraestructuras locales para reciclaje y logística inversa, y campañas de concienciación que fomenten prácticas de consumo más sostenibles. Mejorar el acceso a puntos de recogida, incentivar la colaboración entre marcas y start-ups de reciclaje y priorizar el diseño que permita desmontaje y reciclaje son pasos concretos que aceleran la transición. La combinación de políticas públicas, inversión privada y conducta ciudadana es imprescindible.
Acciones prácticas para consumidores y empresas
Para los consumidores, favorecer la reparación, donar o vender antes que tirar y elegir prendas con materiales reciclados son gestos cotidianos de impacto. Para las empresas, implementar trazabilidad de materiales, integrar excedentes mediante digitalización y colaborar con iniciativas como Retexcat o start-ups como The Post Fiber y Aloqia puede transformar modelos de negocio lineales en sistemas más circulares. La sostenibilidad en la moda es viable si se articula como un esfuerzo conjunto entre todos los actores del sector.
Conclusión
La suma de iniciativas corporativas, hábitos de los consumidores y mejoras en la infraestructura puede consolidar una economía circular en el sector textil. El reciclaje y la reutilización dejan de ser tendencias para convertirse en elementos estructurales que definen la dirección futura de la moda: menos desperdicio, más valor por prenda y mayor responsabilidad compartida.