En un movimiento que ha generado ondas en la comunidad internacional, Donald Trump ha implementado un nuevo paquete de tarifas arancelarias que afecta a productos de más de 60 países. Este tercer muro arancelario, que entró en vigor a las 00:01 horas del viernes en la Costa Este de EEUU, introduce un complejo sistema de tasas que varían entre el 10% y el 12,5%, con exenciones que dependen de la regulación laboral de cada territorio.
La medida, que ha sido recibida con desconcierto por las economías, empresas y mercados mundiales, busca blindar las políticas comerciales de Estados Unidos frente a las decisiones previas de la Corte Suprema y la legislación. La nueva andanada comercial se produce en un contexto de recrudecimiento del conflicto bélico en Oriente Próximo, que ha disparado el precio del petróleo y lastrado la popularidad de Trump en un año marcado por las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre.
El trabajo forzoso como justificación
La Administración Trump justifica la imposición de estas nuevas tarifas arancelarias en las presuntas deficiencias en la regulación contra los trabajos forzosos detectadas durante una macroinvestigación comercial. Jamieson Greer representante comercial de EEUU, sostuvo que «el presidente Trump reconoce que décadas de persuasión moral no han erradicado el trabajo forzoso de las cadenas de suministro globales».
Para imponer estas tarifas, Estados Unidos se ampara en el artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974 aplicando aranceles a docenas de economías «por no haber impuesto ni aplicado eficazmente la prohibición de importar productos elaborados con trabajo forzoso». La nueva malla arancelaria afectará a cerca de 90 países, si se cuenta por separado cada uno de la Unión Europea y al 99% del comercio de EEUU.
Detalles por países y exenciones
Las tarifas, detalla la Casa Blanca serán del 10% para los países que imponen una prohibición del trabajo forzoso pero aún no la hacen cumplir de manera efectiva, como la Unión EuropeaCanadáMéxicoEcuadorIndonesia o Pakistán. Para los países que han asumido compromisos recíprocos en la materia, como ArgentinaBangladeshCamboyaEl SalvadorGuatemalaMalasia y Taiwán también se aplicará una tarifa del 10%.
Por otro lado, los países que ni siquiera tienen regulación para evitar el trabajo forzoso sufrirán aranceles del 12,5%. Pese a esto, EEUU prevé permitir la entrada de un determinado volumen de importaciones de prendas de vestir y textiles con un arancel cero. Asimismo, el Departamento de Comercio se deja la puerta abierta a aplicar un amplio abanico de exenciones en función de las necesidades económicas de EEUU.
Reacciones internacionales
El nuevo capítulo de la guerra comercial internacional emprendida por Donald Trump ha indignado a países de medio mundo, desde Brasil a Japón pasando por China o Australia. Brasil al que se le han impuesto tasas particulares del 25%, tildó la medida de «arbitraria e injustificada». Japón calificó el marco de «lamentable»; Australia exigió su retirada por «injustificados»; y China advirtió que «las guerras comerciales no benefician a nadie».
La Unión Europea sin embargo, suspiró con relativo alivio tras conocer la letra pequeña del paquete, que parece respetar en lo sustancial los términos del acuerdo bilateral sellado con Estados Unidos. La jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas cuestionó el fundamento de las nuevas tarifas, recordando que en materia laboral la UE va más lejos que Estados Unidos en muchos terrenos como las vacaciones pagadas.
La Comisión Europea celebró que el marco respete el acuerdo comercial previo y recupere exenciones para productos como el corcho o los diamantes, que se suman a las ya existentes para las aeronaves y sus componentes, los medicamentos genéricos y los principios activos farmacéuticos.


