Presiones en la OTAN por el estrecho de Ormuz y la amenaza de cortar suministros a Ucrania

El secretario general Mark Rutte impulsó una declaración del 19 de marzo tras advertencias de Donald Trump sobre retirar apoyo militar a Ucrania si no se actuaba en el estrecho de Ormuz

La fricción entre Washington y varios gobiernos europeos se cristalizó en una rápida declaración conjunta emitida el 19 de marzo. Según fuentes cercanas a las conversaciones, el presidente Donald Trump presionó a sus aliados para que formaran una coalición de voluntarios con el objetivo de reabrir el estrecho de Ormuz, una ruta vital por la que transita una quinta parte del petróleo mundial.

La negativa europea a intervenir, explicaron funcionarios, llevó a amenazas sobre la continuidad de ciertas entregas de armamento a Ucrania, suministradas a través del mecanismo conocido como PURL.

En medio de esas tensiones, el máximo responsable de la OTAN, Mark Rutte, instó a países clave a respaldar a Estados Unidos y a emitir una posición común.

El bloqueo de facto del estrecho, atribuido a las represalias de Irán tras ataques de Estados Unidos e Israel a finales de febrero, elevó la sensación de urgencia en la Casa Blanca. Diversas capitales europeas rechazaron inicialmente la petición de intervención naval mientras el conflicto siguiera en curso y subrayaron que «no es nuestra guerra», según interlocutores diplomáticos.

La declaración del 19 de marzo y las gestiones diplomáticas

El comunicado acordado con rapidez por varios socios –incluidos Francia, Alemania y el Reino Unido– afirmaba: «Expresamos nuestra disposición a contribuir a los esfuerzos apropiados para garantizar un paso seguro por el estrecho (de Ormuz)». Fuentes consultadas contaron que la redacción se aceleró porque existía el riesgo real de que Estados Unidos recortara suministro de armas al PURL. Rutte mantuvo múltiples llamadas telefónicas en los días previos, según esas fuentes, con líderes y con representantes estadounidenses para tratar de contener la crisis política dentro de la alianza.

Negociaciones y señales cruzadas

Funcionarios relataron que Rutte habló con Francia, Alemania y el Reino Unido para explicar que la postura de Trump estaba «bastante histérica» ante la negativa europea. Por su parte, la Casa Blanca, a través de la subsecretaria de prensa Anna Kelly, advirtió que el presidente había manifestado su decepción con la OTAN y otros aliados, y subrayó que «Estados Unidos lo recordará». El episodio dejó visible la combinación entre presión pública y amenazas discretas que recorrió las conversaciones diplomáticas.

La amenaza sobre PURL y las consecuencias militares

Miembros de la administración estadounidense habrían planteado la posibilidad de desviar o retener equipamiento destinado a Ucrania para reponer reservas propias, una medida que serviría para reabastecerse tras el conflicto con Irán. El senador Marco Rubio declaró que, por el momento, no se han desviado envíos destinados al PURL, pero añadió que, en caso de necesitar material para la defensa estadounidense, «primero se preservará para Estados Unidos». Esa advertencia dejó claro el vínculo entre la seguridad en Oriente Próximo y la continuidad del apoyo militar en Europa oriental.

Impacto en mercados y competencia armamentística

Las operaciones de Estados Unidos e Israel contra Irán han disparado la demanda global de interceptores PAC-3, componentes clave de los sistemas Patriot que emplean países del Golfo y también esenciales para que Ucrania se defienda de misiles rusos. La escasez o la realocación de estos equipos añadiría presión logística y política a la hora de cumplir compromisos con aliados de distintas regiones.

Próximos pasos y reacciones internacionales

Desde la publicación del comunicado del 19 de marzo, más países se han sumado a la declaración, alcanzando 35 firmantes que ahora discuten cómo coordinar una respuesta si las hostilidades cesan. El primer ministro británico, Keir Starmer, dijo que el Reino Unido acogería reuniones entre los signatarios para explorar la creación de una coalición que pueda reabrir el estrecho «una vez cesen los combates». Al mismo tiempo, altos mandos militares del Reino Unido y Estados Unidos han venido evaluando opciones tácticas para asegurar la ruta, aunque sin anunciar operaciones concretas antes de la declaración.

La crisis subraya cómo un choque localizado en Oriente Próximo puede repercutir en alianzas transatlánticas y en el suministro de armas a zonas completamente distintas. La combinación de presiones políticas, negociaciones telefónicas de alto nivel y la competencia por sistemas defensivos como el PAC-3 mantiene la alianza en alerta. En los próximos días, los desarrollos dependerán de la evolución del conflicto en la región y de si los países firmantes convierten la declaración en pasos prácticos coordinados.

Scritto da Social Sophia

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