Las acciones de IAG han encajado una corrección pronunciada en las últimas semanas, situándose entre los títulos más castigados del índice. El retroceso acumulado ronda el 17 % en el mes, sólo superado por la caída de Arcelormittal cercana al 22 %; un reflejo claro de cómo los factores externos pueden arrastrar a compañías con negocios globales.
En este contexto, el sector aéreo se enfrenta a un doble problema: el aumento del coste del combustible y la incertidumbre en la demanda.
El detonante inmediato ha sido la inestabilidad en Oriente Medio, que ha disparado el precio del combustible y generado perturbaciones operativas en rutas determinadas.
Esta situación introduce un componente de shock geopolítico que afecta tanto a ingresos como a costes, y que dificulta la planificación financiera de las aerolíneas. Además, existe un efecto psicológico sobre los viajeros que puede traducirse en caídas de tráfico en determinados corridors.
Por qué la subida del combustible penaliza a las aerolíneas
El combustible es uno de los gastos más relevantes en la estructura de costes de una aerolínea; su aumento tiene un impacto directo en los márgenes operativos. Cuando el precio se mueve al alza con rapidez —en este caso se ha más que duplicado desde el inicio del conflicto— las compañías sufren una erosión de la rentabilidad que no siempre puede compensarse subiendo tarifas. El mercado reacciona a la combinación de mayores costes y mayor riesgo operativo, lo que explica parte de la presión vendedora sobre IAG.
El informe de Deutsche Bank
Impacto en costes y demanda
Deutsche Bank ha señalado que el repunte del combustible será «altamente perjudicial» para las aerolíneas europeas. El banco calcula que las compañías podrán repercutir solo alrededor del 25 % del aumento de costes en el precio de los billetes, lo que dejaría un 75 % del sobrecoste absorbido por las propias aerolíneas. Además, el informe recuerda episodios pasados —como conflictos importantes o atentados— donde la demanda se contrajo de forma notable, lo que añade una capa de incertidumbre sobre la recuperación de tráfico.
Revisión de estimaciones para el sector y para IAG
Tras evaluar el nuevo escenario de precios del combustible y la posible debilidad de la demanda, Deutsche Bank ha ajustado a la baja sus previsiones para el conjunto del sector: una reducción media del 15 % en el ebit y del 22 % en el beneficio por acción. En el caso particular de IAG, el banco recorta su estimación de ebit para 2026 en torno al 13 % y su previsión de beneficio neto en un 15 %. Asimismo, revisa el precio objetivo desde 5,8 a 5,34 euros.
La reacción del mercado y la visión de los analistas
Pese a los recortes, Deutsche Bank mantiene a IAG entre sus aerolíneas preferidas, junto a Ryanair, por su capacidad de generar caja y mantener márgenes relativos en escenarios adversos. En paralelo, el consenso de analistas que recomiendan comprar acciones de IAG ha crecido: desde un 89,7 % anterior al conflicto hasta alrededor del 96,4 % actual, lo que indica una apuesta mayoritaria por la recuperación a medio plazo.
¿es una oportunidad de compra?
La caída del precio de la acción ha abierto el debate entre inversores: hay quienes ven un descuento exagerado y otros que advierten sobre la sensibilidad a precios del combustible y el riesgo macroeconómico. IAG se revalorizó cerca de un 30 % el año anterior gracias a la recuperación del tráfico pospandemia, por lo que parte del castigo actual puede considerarse una corrección del sentimiento. Sin embargo, la decisión de entrar en el valor depende de la tolerancia al riesgo de cada inversor y del horizonte temporal; quienes busquen exposición deben evaluar tanto la capacidad de la compañía para generar cash flow como su sensibilidad a nuevos shocks.
Conclusión
En resumen, la presión sobre IAG combina factores operativos y macro: un incremento del coste del combustible que reduce márgenes y una mayor aversión al riesgo por la inestabilidad internacional. El ajuste de Deutsche Bank refleja esa realidad, aunque la entidad mantiene una recomendación positiva sobre el grupo. Para los inversores, el momento plantea una disyuntiva entre aprovechar una corrección significativa o esperar a una mayor estabilidad geopolítica y de precios energéticos; en cualquier caso, la gestión del riesgo será clave.