Cómo el choque geopolítico tensiona la zona euro y pone en jaque a los mercados

Los indicadores y las revisiones oficiales dejan ver un horizonte más débil para la zona euro: inflación elevada, crecimiento reducido y mercados nerviosos ante la incertidumbre geopolítica

La combinación entre tensión internacional y datos económicos débiles ha multiplicado las preocupaciones sobre una posible estanflación en la zona euro. El término estanflación se refiere a una situación donde confluyen un crecimiento lento y inflación elevada, una mezcla peligrosa para las políticas económicas.

En las últimas semanas el repunte de los costes energéticos, ligado al conflicto en Oriente Próximo, ha alimentado subidas del precio del petróleo y del gas que ya impactan en las familias y en las empresas. Al mismo tiempo, las previsiones oficiales han sido revisadas a la baja, lo que traduce menor margen para la sorpresa positiva en la recuperación.

Reacción de los mercados y efectos en la renta real

Los mercados han mostrado una volatilidad marcada: subidas del crudo, retrocesos en las bolsas y movimientos en la renta fija que reflejan aversión al riesgo. El Ibex 35 ha vivido oscilaciones notables en jornadas recientes y, pese a caídas puntuales, consiguió cerrar una semana con balance positivo tras el inicio de los ataques, lo que evidencia la ambivalencia entre miedo y búsqueda de oportunidades.

Las familias perciben subidas en la factura energética y las empresas afrontan costes de producción superiores por el encarecimiento de los insumos, presionando los márgenes y potenciando traslados de precios al consumidor.

Indicadores de actividad: señales de desaceleración

Los datos preliminares de actividad muestran una senda más débil en la eurozona. El PMI compuesto de marzo se situó en 50,5 puntos, por debajo de los 51,9 de febrero y de la previsión del mercado de 51,5. Aquí PMI alude al índice de gestores de compras, un sensor adelantado de la actividad económica. S&P Global señaló que los costes de los insumos se han acelerado con fuerza, al nivel más rápido en algo más de tres años, y que los plazos de entrega se han alargado hasta máximos desde mediados de 2026, lo que empeora la dinámica productiva y limita la capacidad de expansión.

Desglose por sectores y países

El impacto no es homogéneo: el sector servicios muestra una contracción casi paralizada en algunas economías, mientras que la manufactura mantiene un crecimiento modesto. Alemania todavía presenta una mejora de la producción manufacturera, pero Francia vuelve a registrar caídas en actividad. Los nuevos pedidos han caído por primera vez en ocho meses, y los pedidos de exportación descienden por cuadragésimo noveno mes consecutivo, un reflejo de la menor demanda internacional y de las perturbaciones en las cadenas de suministro.

Previsiones oficiales y riesgos para la política económica

Las instituciones han ajustado sus proyecciones: la Comisión Europea reduce el avance del PIB hasta 0,8% este año y 0,9% en 2027, recortando seis décimas respecto a estimaciones previas, y anticipa una inflación elevada mientras dure el conflicto. Por su parte, el Banco de España advierte de que los precios podrían crecer hasta un 6% en el escenario más adverso y que ese ajuste restaría cuatro décimas al crecimiento del PIB nacional, llevando la expansión a un 1,9% en el peor de los casos. Esos números acercan la economía a un escenario de bajo crecimiento con presiones al alza de precios.

Implicaciones para bancos centrales y medidas fiscales

Ante la combinación de crecimiento débil e inflación persistente, el margen de maniobra de los bancos centrales se reduce: el Banco Central Europeo debe calibrar su política con cautela para no penalizar la recuperación ni alimentar más la inflación. Las autoridades fiscales podrían tener que diseñar medidas selectivas para aliviar a los hogares vulnerables y a sectores intensivos en energía. La duración del conflicto y su efecto sobre la logística internacional serán determinantes para la magnitud del ajuste necesario.

Conclusión

La eurozona se enfrenta a un periodo de incertidumbre donde la presión sobre los precios y la pérdida de impulso de la actividad dibujan un riesgo real de estanflación. Si se prolongan las perturbaciones energéticas y los problemas en las cadenas de suministro, las revisiones a la baja del crecimiento y las subidas de la inflación podrían consolidarse, obligando a gobiernos y bancos centrales a actuar con prudencia e ingenio para sostener la economía y proteger el poder adquisitivo de los ciudadanos.

Scritto da Staff

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