El informe intermedio de la OCDE, publicado el 26 de marzo de 2026, sitúa en el centro del escenario económico el encarecimiento de la energía como detonante de cambios relevantes en las previsiones globales. Para España, la organización proyecta un crecimiento del PIB del 2,1% en 2026 y una inflación media del 3%, cifras que reflejan una combinación de factores externos y fuerzas internas.
En este contexto, resulta clave distinguir entre impulso temporal y efectos persistentes, porque la duración del conflicto marcará si las cifras se normalizan o si se sostienen en el tiempo.
El documento de la OCDE subraya que el alza de los precios energéticos pesa especialmente en economías con elevada dependencia de las importaciones de hidrocarburos.
España muestra mayor resiliencia por el tirón del turismo, pero no es inmune: los incrementos del precio del petróleo y del gas repercuten en la inflación y en el margen de maniobra de las políticas públicas. Además, la organización condiciona sus proyecciones a una evolución de los mercados que suponga una caída gradual de los precios a partir de mediados de 2026, una hipótesis sensible a cambios.
Impacto en España y en la zona euro
La revisión de la OCDE deja a la vista dos dinámicas simultáneas: por un lado, una ligera corrección a la baja del crecimiento —la zona euro pasa a un crecimiento promedio del 0,8% en 2026— y, por otro, una aceleración de la inflación hasta el 2,6% en la eurozona. En España, el crecimiento se mantiene en tasas relativamente saludables gracias al sector turístico, aunque la inflación aumenta siete décimas respecto a estimaciones previas. Estas cifras reflejan el efecto directo del encarecimiento energético y del impacto en costes empresariales y en el poder adquisitivo de los hogares.
Diferencias entre grandes economías
Las principales economías europeas también ven recortadas sus expectativas: Alemania, Francia e Italia sufren ajustes a la baja del PIB, con Alemania y Francia situándose cerca del 0,8% y Italia en torno al 0,4% en 2026. La heterogeneidad de estas trayectorias responde a factores estructurales y a las políticas fiscales nacionales; además, la OCDE prevé que el impulso del gasto en defensa contribuya a una ligera recuperación en 2027, cuando el crecimiento conjunto de la eurozona podría rebotar hasta el 1,2%.
Efectos globales y canales de transmisión
En el plano mundial, la OCDE mantiene una previsión de crecimiento global del 2,9% para 2026, pero eleva de forma notable las proyecciones de precios en las economías avanzadas. El bloqueo del estrecho de Ormuz y las tensiones en los suministros explican la presión sobre los mercados: desde la última actualización el barril de Brent se ha encarecido aproximadamente un 40% y el gas de referencia europeo, el TTF, ha subido alrededor de un 60%. Estas variaciones actúan por canales claros: mayores costes energéticos, incremento de precios industriales y reducción de márgenes que acaban traducidos en inflación general.
Ganadores y perdedores
Curiosamente, Estados unidos sale beneficiado a corto plazo en la revisión, con una mejora de sus perspectivas hasta un 2% de crecimiento, en parte por su condición de exportador neto de hidrocarburos. Por el contrario, las economías con reservas de gas bajas o con fuerte dependencia de importaciones desde la región afectada quedan más expuestas a interrupciones y a subidas prolongadas de precios, lo que aumenta el riesgo de estanflación en escenarios adversos.
Política monetaria, fiscal y riesgos financieros
Frente a esta presión sobre los precios, la OCDE advierte que los bancos centrales deben mantenerse vigilantes: el BCE ya ha declarado su disposición a elevar el precio del dinero si fuera necesario para anclar expectativas. Además, la organización recomienda que las medidas fiscales sean específicas y temporales, dirigidas a los hogares más vulnerables y a empresas viables, pero recuerda el límite del margen fiscal y la importancia de la sostenibilidad de la deuda. Un alza de tipos moderada en el segundo trimestre es un escenario plausible para contener presiones inflacionarias.
Entre los riesgos adicionales, la OCDE destaca la posibilidad de que una menor rentabilidad en inversiones vinculadas a la inteligencia artificial provoque una reevaluación del riesgo en los mercados financieros, aumentando la correlación de impagos y afectando a la demanda privada. En síntesis, la combinación de precios energéticos elevados, vulnerabilidades en la oferta y limitaciones fiscales exige una respuesta calibrada: políticas que mitiguen el impacto inmediato sin sacrificar la estabilidad macroeconómica a medio plazo.