La economía española registró en 2026 un aumento de la inversión bruta total del 5,1% en términos reales, alcanzando los 347.000 millones de euros. Ese crecimiento encadena cinco años de recuperación tras la crisis sanitaria, con la inversión pública elevándose un 9,1% y representando el 10,7% del total, y la inversión privada subiendo un 4,6% y situándose un 8,6% por encima de 2019.
Sin embargo, detrás de estos datos positivos se ocultan cambios en la composición de la inversión y desequilibrios en el mantenimiento del stock de capital.
El repunte público en parte responde al impulso de los fondos Next Generation de la UE, destinados a acelerar las transiciones verde y digital.
Aun así, persiste una tendencia preocupante: la proporción de la inversión pública destinada a infraestructuras de uso público (viarias, ferroviarias, hidráulicas, portuarias, aeroportuarias y urbanas) se ha reducido notablemente y se estanca desde la pandemia, algo que limita la capacidad para conservar y reponer activos frente a depreciaciones extraordinarias derivadas de catástrofes naturales.
Desbalance estructural: menos peso para las infraestructuras
En 2009 las infraestructuras productivas concentraban el 61,2% de la inversión pública; en 2026 esa participación no llega al 37,9%. La inversión pública anual alcanzó en 2026 los 37.177 millones de euros, pero la partida específica para infraestructuras quedó en 16.114 millones de euros, un 6,8% más que el año anterior y aún un 60% por debajo del pico de 2009. En términos reales, la inversión en infraestructuras se sitúa un 25% por debajo de 2000 y sufre caídas que en algunos casos no cubren la depreciación ordinaria del capital acumulado, con consecuencias sobre el valor y la disponibilidad de servicios públicos esenciales.
Cambios en la composición de la inversión y tensiones en vivienda
El patrón inversor español ha virado hacia activos más intensivos en conocimiento: TIC, software, I+D y maquinaria han aumentado su peso relativo, mientras que las inversiones inmobiliarias —residenciales y no residenciales— se han reducido desde el 68% previo a la Gran Recesión. Aunque la inversión en vivienda repunta, en 2026 solo se construyeron alrededor de 88.000 nuevas viviendas, frente a más de 226.000 hogares creados ese año, lo que revela un desajuste entre oferta y demanda que penaliza el acceso a la vivienda y obliga a revisar prioridades públicas y privadas.
Perfil por tipos de infraestructuras
Red ferroviaria, carreteras y agua
Los tres grandes segmentos —ferroviarias, viarias e hidráulicas— absorben el 73,5% de la inversión en infraestructuras, pero han sufrido un retroceso acumulado del 62,5% desde 2009. La inversión en infraestructuras ferroviarias cayó un 66,7% desde 2009, aunque en 2026 ascendió a 4.589 millones de euros, un 7% más que el año anterior y representando el 28,5% del total en infraestructuras. Las infraestructuras viarias captaron 4.952 millones de euros en 2026, un 0,6% más, y equivalen al 41% del máximo de 2009. Las inversiones hidráulicas, que incluyen obras de prevención de avenidas, se redujeron un 61,7% desde 2009 y cerraron 2026 por debajo del 14,3% de participación.
Otras infraestructuras: urbanas, portuarias y aeroportuarias
Las infraestructuras urbanas, ejecutadas mayoritariamente por administraciones locales, han recuperado parte del terreno perdido y en 2026 alcanzaron 1.434 millones de euros, un aumento interanual del 38,8%, aunque todavía por debajo de su peso histórico. Las inversiones en infraestructuras portuarias y aeroportuarias sumaron 1.626 y 1.216 millones de euros respectivamente, con subidas del 3,6% y del 18,2%, lo que sitúa a las portuarias en su mayor cuota desde 1995 y mantiene a las aeroportuarias con un peso moderado en el conjunto.
Cambio climático y la necesidad de inversiones adicionales
El informe subraya que la persistente debilidad inversora coincide con una mayor frecuencia y severidad de fenómenos extremos ligados al cambio climático. Inundaciones y otros desastres destruyen activos materiales públicos y privados, provocando una depreciación extraordinaria que rara vez se incorpora íntegramente en los análisis de pérdidas en términos de PIB. Por ello, los autores reclaman esfuerzos suplementarios de inversión para reponer capital perdido y reforzar la resiliencia de las infraestructuras, además de proponer metodologías para estimar con mayor precisión las pérdidas asociadas, especialmente a las inundaciones.
El resultado acumulado de la menor inversión se aprecia en el stock de capital público: desde 2014 las dotaciones de infraestructuras productivas han disminuido en cerca de 11.000 millones de euros, hasta situarse en 583.331 millones de euros. Entre 2014 y 2026, se registraron retrocesos en hidráulicas (-4,8%), ferroviarias (-0,7%), portuarias (-3,5%), aeroportuarias (-19,1%) y urbanas (-3,7%), mientras que las viarias mostraron un ligero avance (+0,2%). Con un esfuerzo inversor del 20,6% del PIB en 2026, por debajo del promedio europeo más alto (22%), la conclusión es clara: el crecimiento agregado no basta; hay que reorientar y aumentar la inversión para proteger y modernizar las infraestructuras frente a los retos climáticos y demográficos.