En los últimos meses se ha observado un movimiento significativo: varios ETF estadounidenses han incrementado su exposición a empresas que no cotizan en bolsa, como SpaceX y la recién integrada xAI, además de otros grupos de tecnología y defensa. Estas compras buscan ofrecer a los inversores minoristas acceso a negocios de alto crecimiento históricamente reservados a capitales institucionales o a inversores acreditados.
Sin embargo, la estrategia ha generado advertencias sobre la posible tensión entre la naturaleza negociable de los ETF y la característica poco líquida de estos activos.
Algunos fondos han acumulado participaciones que superan o se acercan al umbral del 15% que la SEC establece para inversiones clasificadas como poco líquidas en un mismo vehículo.
La proliferación de estas operaciones coincide con lanzamientos recientes —incluido un fondo que pretende alcanzar hasta un 35% de exposición a capital privado— y con entradas de capital que han modificado la ponderación de estas posiciones dentro de los fondos.
Qué posiciones han sobresalido y cómo se clasifican
Un ejemplo destacado es el ETF Baron First Principles, que llegó a contabilizar cerca del 27% en participaciones vinculadas a SpaceX y xAI antes de que las fuertes entradas de dinero lo redujeran al 16,9%. Otra ficha relevante es la gestión de ERShares, cuyo ETF Private-Public Crossover creció a unos 1.500 millones de dólares tras comprar exposición a SpaceX mediante una sociedad de propósito especial que hoy representa el 17,7% del fondo. Además, hay referencias a posiciones en Anthropic, Anduril Industries, Databricks y grupos de robótica como Figure AI en otros ETFs sectoriales.
La distinción entre «poco líquido» y «menos líquido»
Las gestoras emplean diferentes marcos para clasificar las participaciones. Por ejemplo, una entidad sostiene que ciertas acciones de SpaceX no deberían entrar en la categoría del 15% porque las consideran menos líquidas, una etiqueta distinta dentro del sistema regulatorio que permite esperar vender una participación en condiciones de mercado normales en un plazo razonable, definido por la SEC como siete días naturales sin alterar significativamente su precio de mercado. La Comisión, por su parte, evita pronunciarse sobre empresas concretas pero mantiene la norma que limita la compra adicional de activos si ya se supera ese umbral.
Riesgos para la estructura típica de los ETF
Analistas advierten que incorporar activos no cotizados puede generar un desajuste entre la promesa de alta negociabilidad de un ETF y la realidad de poseer títulos con restricciones de mercado y precios opacos. Bryan Armour, de Morningstar, ha señalado que se están viendo situaciones en las que los límites regulatorios parecen ser estirados por algunas gestoras. El problema no es solo la clasificación, sino también la valoración: los activos privados suelen negociarse en mercados secundarios con condiciones y limitaciones que no reflejan siempre el valor subyacente del grupo.
Impacto de los flujos de entrada y salida
Los cambios en los flujos de los fondos pueden alterar la exposición efectiva a activos privados. Entradas fuertes de capital tienden a diluir la ponderación de estos activos salvo que el fondo adquiera más; retiradas masivas, en cambio, obligan a vender activos cotizados líquidos primero, lo que puede elevar proporcionalmente la participación en títulos menos líquidos y complicar la gestión. Gestores como Joel Shulman defienden que sus marcos de gestión de liquidez diseñan reembolsos principalmente mediante la venta de instrumentos listados, pero los observadores advierten que en escenarios extremos el resultado podría ser diferente.
Opiniones de expertos y consideraciones prácticas
Para algunos, abrir el acceso minorista a empresas privadas es positivo: permite que más inversores participen en negocios de rápido crecimiento que deciden permanecer fuera de la bolsa por más tiempo. Todd Rosenbluth, de TMX VettaFi, valora el acceso pero matiza que los inversores deben ser conscientes de las dificultades para deshacer posiciones. Elisabeth Kashner, de FactSet, resume con un aforismo práctico: «Todo es líquido a un precio»; es posible vender, aunque no siempre al precio deseado.
A medida que más fondos exploran estas estrategias, es probable que los debates entre gestores, reguladores y analistas se intensifiquen y que los inversores deban atender con atención los riesgos inherentes a estas apuestas.