Contingencia empresarial frente al encarecimiento de materias primas y la pérdida de competitividad

Empresas ya adaptan estrategias ante el alza de combustibles y el riesgo de erosión de márgenes; el informe Perspectivas 2026 identifica sectores optimistas y demandas de seguridad jurídica

El contexto internacional ha obligado a muchas compañías a revisar su hoja de ruta. El aumento del coste de las materias primas provocado por la guerra en Irán y el estancamiento de la productividad amenazan con reducir los márgenes empresariales, pese a unas expectativas globales que, en términos generales, siguen siendo positivas para 2026.

En este escenario, las grandes empresas han puesto en marcha planes de contingencia para contener el impacto y preservar la competitividad, mientras economistas y organismos públicos anuncian variaciones en el coste de la vida y la inflación, con proyecciones como la del IPC 3,6% señalada por Funcas.

El cambio de escenario geopolítico no solo altera la factura energética inmediata; suele abrirse paso como un efecto dominó que se infiltra en las distintas etapas de la cadena de valor. Según el informe Perspectivas 2026 elaborado por KPMG y CEOE, el 44% de los empresarios españoles ya está rediseñando fórmulas de crecimiento adaptadas a la incertidumbre internacional, combinando ajustes operativos con revisiones estratégicas de mercado.

Impacto inmediato y transmisión a la cadena de producción

En la primera fase el contagio se ha sentido en los precios de los combustibles, pero la preocupación mayor es su propagación a insumos y componentes. El informe identifica como riesgos prioritarios la pérdida de competitividad y el incremento de costes de las materias primas, ambos referidos por el 41% de los encuestados; a su vez, un 39% advierte sobre la exposición a riesgos geopolíticos como la ruptura de suministros y un 37% anticipa una reducción de márgenes. Estas cifras muestran cómo una perturbación puntual puede transformarse en un problema estructural si no se actúa con rapidez.

Riesgos detectados y cifras clave

Los datos del sondeo subrayan que la amenaza no es solo coyuntural: sectores con alta intensidad energética y fuerte dependencia exterior están entre los más vulnerables. Expertos de KPMG, como Fernando Cuñado, señalan que empresas orientadas a la exportación y con complejas cadenas de suministro analizan alternativas para mitigar el impacto, mientras se discute la oportunidad de impulsar la autonomía estratégica de la UE como palanca de reindustrialización y resiliencia económica.

Respuestas empresariales y sectores que mantienen el optimismo

A pesar de los riesgos, la confianza no es nula: el 49% de los directivos prevé que su empresa mejorará en los próximos doce meses. El optimismo es especialmente significativo en Aeroespacial y Defensa (80%), seguido por Tecnología (65%) y Real Estate (58%). Entre las medidas mencionadas figuran la reorientación de proyectos de innovación y tecnología, la revisión de estrategias de internacionalización y la búsqueda de alianzas estratégicas que permitan compartir riesgos y acceso a suministros.

Inversión, ventas y empleo en 2026

Las previsiones operativas también muestran dinamismo: el 73% de los encuestados espera aumentar ventas en 2026, dos puntos por encima del informe anterior, y un 31% confía en crecer por encima del 5%. En materia de inversión, el 58% planea elevar sus partidas (cinco puntos más que en 2026) y el 45% prevé ampliar plantillas frente al 42% del año anterior. Estas cifras apuntan a una apuesta por crecer a pesar de la tensión sobre costes, buscando mantener capacidad productiva y competitividad.

Condiciones internas y reclamaciones al entorno normativo

Para que estas expectativas sean realistas, los dirigentes empresariales reclaman estabilidad en el ámbito nacional. El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, destaca la necesidad de un marco que garantice confianza y certidumbre. El 62% de las empresas exige un entorno de seguridad jurídica más estable y el 38% pide simplificación administrativa. Además, preocupan la pérdida de competitividad, la rentabilidad y el incremento del absentismo y las bajas laborales, junto con la incertidumbre política y los cambios regulatorios que condicionan la voluntad inversora.

En definitiva, la estrategia que adoptan las empresas combina mitigación de riesgos a corto plazo con esfuerzos por fortalecer la posición a medio plazo: diversificar proveedores, invertir en eficiencia y tecnología, y reclamar políticas públicas que fomenten la estabilidad y la reindustrialización. Todo ello en un entorno donde el equilibrio entre riesgo y oportunidad marcará la evolución de los márgenes y la competitividad durante 2026.

Scritto da Staff

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