La planificación financiera familiar no solo consiste en ahorrar; también implica enseñar. Una cuenta de custodia permite que el dinero y las inversiones estén registrados a nombre del menor mientras un adulto actúa como custodio hasta que el beneficiario alcance la mayoría de edad.
Este vehículo es útil tanto para acumular bienes como para introducir conceptos prácticos de educación financiera que difícilmente se aprenden en la escuela.
Antes de abrir una cuenta, conviene entender su funcionamiento, los tipos disponibles y las implicaciones fiscales y legales.
En las siguientes secciones explico con detalle qué son estas cuentas, por qué conviene considerarlas y cómo comenzar paso a paso, usando un lenguaje accesible y ejemplos claros para que tomes decisiones informadas.
Qué son y cómo operan las cuentas de custodia
Una cuenta de custodia es una estructura en la que el activo aparece a nombre del menor pero el control lo ejerce un adulto designado como custodio. El custodio puede invertir, aportar fondos y decidir la estrategia hasta que el menor cumpla la edad legal para tomar posesión de los activos. Desde el punto de vista práctico, funcionan como cuentas de inversión o ahorro convencionales, con la diferencia de que los beneficios están destinados al menor y existen reglas específicas sobre quién decide y cuándo se transfiere la titularidad.
Tipos principales: UTMA y UGMA
En mercados donde se usan estas nomenclaturas, las dos variantes más comunes son la UTMA (Uniform Transfers to Minors Act) y la UGMA (Uniform Gifts to Minors Act). La diferencia esencial radica en los activos permitidos: una UTMA suele aceptar una gama más amplia de bienes, incluidos bienes inmuebles y ciertos objetos de valor, mientras que una UGMA se centra mayormente en valores mobiliarios como acciones y bonos. Elegir entre una u otra depende del tipo de inversión que planees y de las leyes aplicables en tu jurisdicción.
Beneficios y oportunidades educativas
Más allá del ahorro, una cuenta de custodia es una herramienta educativa. Permite que los niños sean los propietarios legales de activos, lo que facilita enseñarles conceptos como interés compuesto, diversificación y horizonte de inversión. Comenzar cuando el menor es pequeño hace que aportes regulares y modestos crezcan significativamente con el tiempo, gracias al efecto acumulativo. Además, la experiencia práctica—por ejemplo, mostrar cómo una cartera se reequilibra o cómo funcionan los dividendos—refuerza hábitos financieros responsables.
Ejemplo práctico
Imagina aportar una cantidad mensual durante varios años: lo que parece poco hoy puede convertirse en un capital importante al llegar la mayoría de edad, especialmente si se invierte en instrumentos con potencial de crecimiento. El propósito no es solo el monto final sino que el menor comprenda decisiones concretas: por qué mantener inversiones a largo plazo, por qué evitar retirar sin una razón válida y cómo se gestionan los riesgos.
Aspectos fiscales, legales y pasos para abrir una cuenta
Antes de abrir una cuenta de custodia hay que evaluar efectos fiscales y cómo la existencia de esos activos puede influir en ayudas sociales o beneficios gubernamentales. Las ganancias de la cuenta no suelen ser completamente exentas; tributan según las normas fiscales aplicables al menor y, en ciertos límites, pueden beneficiarse de tramos impositivos más favorables. También es esencial verificar la edad exacta en la que la titularidad pasa al menor en tu jurisdicción y las obligaciones del custodio mientras dura su administración.
Cómo abrirla paso a paso
El proceso suele ser sencillo: necesitas la información personal del menor (identificación y número fiscal) y la del custodio. Luego eliges la entidad financiera o broker, defines la estrategia de inversión y comienzas las aportaciones. Algunas plataformas ofrecen opciones automatizadas y carteras guiadas, ideales para quienes prefieren un enfoque práctico y de bajo mantenimiento.
Compara proveedores —desde bancos tradicionales hasta plataformas digitales— para encontrar la que mejor se adapte a tus objetivos. Recuerda que la prioridad es combinar protección patrimonial con la educación financiera del menor: la meta no es solo acumular dinero, sino dotar a la próxima generación de herramientas para tomar decisiones inteligentes sobre sus recursos.
Si decides avanzar, documenta tus objetivos, establece aportes regulares y convierte el proceso en una lección práctica: revisa resultados periódicamente con tu hijo, explica decisiones y celebra hitos. Esa constancia y transparencia son, a la larga, tan valiosas como el capital acumulado.