Diez acusados en juicio por blanqueo de capitales en el escándalo de Arbistar

Se presenta la acusación formal contra diez individuos involucrados en un fraude millonario relacionado con criptomonedas.

El juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, ha decidido avanzar con el juicio contra diez individuos implicados en el escándalo de la plataforma de criptomonedas Arbistar. Se les imputa un delito de blanqueo de capitales. Entre los acusados se encuentra el fundador de la empresa, Santiago F.J.

, quien ya había sido condenado en un juicio anterior.

En una sentencia previa, la Audiencia Nacional impuso penas de ocho años de prisión a Santiago F.J. y seis años al cofundador de Arbistar. Ambos fueron hallados culpables de haber estafado más de 200 millones de euros a aproximadamente 32,000 inversores.

La nueva resolución judicial se centra en el blanqueo de esos fondos, utilizados de manera fraudulenta.

Un circuito financiero fraudulento

En el auto, el magistrado Calama expone que Santiago F.J. diseñó y gestionó un complejo circuito financiero que facilitó la circulación de dinero de la plataforma, perjudicando a los inversores.

El juez concluye que el acusado era consciente de que los fondos que recibían provenían de un engaño orquestado por él y sus cómplices. Según la investigación, no existía el algoritmo que prometían como solución mágica, y el capital no se destinaba a inversiones reales.

Acciones de ocultación del capital

Para llevar a cabo estas actividades ilícitas, el acusado formó una serie de sociedades con escaso capital, carentes de personal y sin una contabilidad adecuada. Entre estas empresas, destaca Venus Capital, considerada el eje central de la operación de ocultación y desvío de fondos. A través de estas entidades, Santiago F.J. canalizó el dinero depositado por los inversores, desviando capital hacia cuentas de su propiedad y realizando adquisiciones personales como coches de lujo y una embarcación.

El informe judicial revela que los acusados implementaron un esquema de blanqueo que consistía en una serie de transferencias y pagos no relacionados con la actividad comercial legítima de Arbistar. El dinero fluía de una cuenta a otra, tanto de las empresas como de los administradores y sus familiares, con el único propósito de disimular su origen fraudulento. ¿Cómo se lograba esto? A través de un entramado financiero que complicaba el seguimiento del capital, haciendo casi imposible identificar su procedencia.

Estructura de empresas ficticias

El juez también subraya que la creación de un entramado de empresas pantalla representa un claro ejemplo de blanqueo de capitales. Estas compañías, que aparentaban ser legales, carecían de actividad económica real o, en el mejor de los casos, se dedicaban exclusivamente a facilitar el movimiento de dinero entre cuentas. La mayoría de estas entidades estaban registradas en oficinas de servicios y no cumplían con las normativas contables, es decir, no presentaban cuentas anuales ni mantenían un archivo de sus transacciones.

Un entramado empresarial engañoso

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