Los resultados 2026 de Iberdrola muestran una evolución operativa que cumple con las expectativas del mercado, aunque carecen de impulsos positivos suficientes para generar un repunte en la cotización. El grupo ha registrado un ebitda de 16.592 millones de euros, cifra que supera en torno a un 1,6% el consenso de analistas, mientras que el beneficio neto se situó en 6.285 millones de euros, quedando un 2,6% por debajo de lo previsto.
En las cuentas del grupo hay elementos que explican esta lectura mixta: avances relevantes en redes y renovables, efectos positivos por plusvalías y desgravaciones fiscales, y también factores puntuales que limitan la sorpresa favorable para los inversores. A continuación se desglosan los aspectos clave de estos resultados y las implicaciones para la estrategia y la valoración.
Desempeño operativo y drivers de crecimiento
El motor del crecimiento operativo ha sido, sobre todo, el negocio de redes, cuya base regulada se ha incrementado aproximadamente un 12% y ha recibido revisiones tarifarias favorables. Además, la nueva capacidad instalada en renovables aumentó cerca de un 4% y la generación hidroeléctrica creció alrededor de un 5%.
Estos elementos han compensado impactos negativos como una caída del margen de comercialización y la menor aportación eólica en determinados mercados.
Contribuciones por áreas
En Reino Unido y Estados Unidos la consolidación de activos y la expansión de la base regulada sostuvieron la mejora del ebitda. Brasil también aportó por el efecto de la subida de tarifas. En la vertiente de generación, la mayor capacidad renovable y un mejor recurso eólico y solar en EE. UU. ayudaron a contrarrestar la presión de márgenes en el mercado doméstico español.
Resultados financieros, caja e inversiones
El flujo de caja operativo mostró una evolución positiva, con un incremento aproximado del 8,2% frente al ejercicio anterior, y la inversión del grupo ascendió a 12.563 millones de euros (14.460 millones si se incorpora la compra del 30% de Neoenergia). Cerca del 59% del gasto de capital se concentró en Reino Unido y Estados Unidos, reafirmando el enfoque en redes y mercados regulados.
Deuda y calidad crediticia
A pesar de operaciones importantes como la consolidación de ENW y la recompra de híbridos, la compañía logró reducir su deuda neta ajustada en torno a un 3%, manteniendo ratios compatibles con un rating de grado de inversión (BBB+). Las medidas de rotación de activos —incluidas ventas en mercados no prioritarios— también contribuyen a optimizar el balance.
Guías y perspectivas: visibilidad a medio plazo
Iberdrola ha establecido unas guías para 2026 y 2028 que el mercado considera coherentes con las estimaciones: un beneficio neto para 2026 por encima de 6.600 millones de euros y para 2028 por encima de 7.600 millones. Estas metas refuerzan el perfil de negocio con mayor predictibilidad, apoyado en activos regulados y en generación con contratos a largo plazo (PPAs), lo que reduce la exposición a la volatilidad del mercado eléctrico.
La remuneración al accionista también cobra protagonismo: la rentabilidad por dividendo estimada para 2026 ronda el 3,60% sobre los precios actuales, con previsiones de crecimiento del dividendo alineadas con la evolución del beneficio neto ajustado.
Reacción del mercado y recomendaciones
A pesar de los datos operativos sólidos, la reacción en bolsa fue tibia: la acción acumula una caída cercana al 6% frente a su precio objetivo de consenso (en torno a 18,8 euros). Solo el 42,4% de los analistas recomienda comprar, mientras que el 48,5% sugiere mantener y el 9,1% opta por vender. Algunas casas, como Bankinter, mantienen una visión positiva y sitúan el valor en sus carteras modelo, destacando la mayor visibilidad de ingresos y el perfil regulado.
Otras firmas han valorado la solidez de los resultados pero advierten que, dado el recorrido acumulado en la cotización, es posible que se revisen recomendaciones y precios objetivo a la espera de nuevas señales. En términos de inversión, Iberdrola sigue siendo una opción apta para carteras defensivas que busquen dividendo creciente y exposición a redes reguladas, mientras que los inversores más tácticos podrían preferir esperar correcciones para mejorar la relación riesgo-rentabilidad.
Movimientos corporativos recientes
Como parte de su estrategia de focalización, Iberdrola ha continuado desinvirtiendo en activos no estratégicos. Un ejemplo relevante es la venta en Francia de activos terrestres que incluían 118 MW eólicos operativos y una cartera de 639 MW en proyectos eólicos y solares, operación que encaja en la rotación hacia mercados y negocios prioritarios.
No obstante, la combinación de cifras sin sorpresas y un beneficio neto algo por debajo del consenso explica la reacción contenida de la renta variable.