El primer año de la administración de Donald Trump ha modificado de forma notable el escenario de las criptomonedas. Lo que comenzó como un impulso político hacia el ecosistema digital culminó en una situación paradójica: mayor reconocimiento oficial, pero caídas significativas en el precio de bitcoin, que tras alcanzar los 125.000 dólares en octubre de 2026 se sitúa aproximadamente un 50% por debajo de ese máximo.
Este artículo desglosa las causas de ese ajuste: desde decisiones institucionales y marcos regulatorios hasta la integración de criptoactivos en carteras profesionales. A la vez, exploramos por qué la normalización puede ser tanto una oportunidad histórica como una fuente de nueva volatilidad.
El vuelco político y la nueva relación con las criptomonedas
El cambio en la postura administrativa no fue solo retórico. La firma de la Orden Ejecutiva 14178 y las políticas impulsadas desde la Casa Blanca colocaron a los activos digitales en la agenda nacional como instrumentos de innovación y competitividad.
La administración defendió un enfoque más favorable frente a la etapa previa, lo que facilitó el acercamiento de bancos y proveedores de pago al ecosistema cripto.
Fuentes del sector relatan que este respaldo tiene raíces personales y estratégicas. La experiencia de desbancarización en algunas figuras públicas llevó a valorar activos sin intermediarios, como bitcoin, que redefinen la noción tradicional de propiedad al prescindir de emisores centrales capaces de bloquear cuentas.
Marco legal y medidas concretas
En respuesta a este nuevo contexto político, el Congreso y los reguladores avanzaron en leyes clave: la GENIUS para la regulación de stablecoins vinculadas al dólar y la CLARITY para delimitar funciones entre la SEC y la CFTC. Estas normas buscan reducir la incertidumbre jurídica y atraer capital y talento al mercado estadounidense frente a marcos como MiCA en la Unión Europea.
Institucionalización: por qué la legitimación no evitó la corrección
La entrada masiva de inversores profesionales y productos como los ETFs transformó la naturaleza del bitcoin en el mercado. Al pasar a formar parte de carteras institucionales, el activo quedó ligado a flujos de liquidez global y a reglas estrictas de gestión de riesgo. Cuando la volatilidad sube, los gestores recortan exposición de forma coordinada, lo que puede acelerar caídas por mecanismos automáticos de desapalancamiento.
Expertos explican que esta es la razón principal detrás del llamado «criptoinvierno» reciente: no se trata de pánicos minoristas o quiebras de exchanges, sino de ajustes técnicos propios de mercados profesionalizados que reaccionan a shocks macroeconómicos y a las decisiones de la reserva federal.
Dinámica de mercado y factores técnicos
Además de la presión de flujos institucionales, entran en juego expectativas sobredimensionadas tras la euforia previa. Los periodos en que bitcoin se presenta como activo macro estratégico suelen coincidir con compraventas coordinadas y uso de apalancamiento; cuando el mercado corrige, las ventas para cubrir garantías amplifican la caída.
Fundamentos, oportunidades y el futuro operativo
A pesar de las pérdidas en precio, varios indicadores sugieren que la base del ecosistema se ha fortalecido. El volumen en stablecoins en intercambios supera los 314.000 millones de dólares, lo que representa una “pólvora seca” lista para entrar si la volatilidad se estabiliza. Además, la tokenización de activos reales ya supera los 20.000 millones de dólares, con grandes instituciones explorando aplicaciones prácticas.
Casos puntuales muestran la convivencia entre finanzas tradicionales y DeFi: el uso de plataformas descentralizadas para operaciones de tesorería tokenizada evidencia que la infraestructura blockchain funciona de forma eficiente y segura, aunque todavía en procesos de integración.
Riesgos y recomendaciones para inversores
El nuevo escenario exige una lectura distinta: bitcoin ya no es un experimento aislado sino una pieza del sistema financiero global, sensible a la política monetaria y a tensiones geopolíticas. Si los tipos de interés se relajan y la liquidez aumenta, el activo tiende a recuperar valor; en entornos de aversión al riesgo, suele caer con rapidez. La recomendación sectorial es formación, prudencia y enfoque en la gestión del riesgo dentro de carteras diversificadas.
En síntesis, el primer año de Trump abrió las puertas administrativas y legales para que estados unidos aspire a ser un referente cripto. La consecuencia inmediata fue la profesionalización del mercado, que ha traído mayor solidez estructural pero también mayor sensibilidad a shocks financieros. Si la institucionalización llegó para quedarse, el siguiente ciclo dependerá de la interacción entre regulación, flujo de capital y contexto macroeconómico global.