Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el año 2026 sugieren que no habrá recesión en el horizonte. Sin embargo, la economía global sigue atrapada en un ciclo de bajo crecimiento, alta deuda, inflación persistente y poca mejora en la productividad.
A pesar de la ausencia de una recesión técnica, los ciudadanos sienten un empobrecimiento debido a la caída de los salarios reales netos en muchas economías, salvo en los Estados Unidos, donde se ha observado un aumento.
Esta situación se debe a que en la mayoría de los países desarrollados, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) parece estar impulsado artificialmente por el aumento del gasto público, lo que lleva a un incremento de la deuda y, en consecuencia, a futuros aumentos de impuestos que afectan negativamente la inversión y la productividad.
La sorprendente fortaleza de EE. UU.
A lo largo de sus informes, el FMI ha tenido que revisar al alza sus estimaciones para la economía estadounidense, incrementándolas más del doble de lo que se preveía a principios de 2026. El crecimiento del PIB mundial se sitúa ahora en un 3,3% para 2026 y un 3,2% para 2027, cifras que son ligeramente superiores a las proyecciones de octubre de 2026 y que se alinean con los niveles esperados para 2026.
Estados Unidos se destaca como una de las grandes sorpresas positivas, con expectativas de crecimiento en las economías avanzadas que rondan el 1,8% en 2026 y un 1,7% en 2027, gracias principalmente a las robustas cifras estadounidenses. En contraposición, las economías emergentes y en desarrollo se proyectan en un 4,2% y 4,1%, respectivamente, a pesar de la desaceleración en China.
La inversión como motor del crecimiento
El FMI ha calificado este panorama como de “crecimiento resiliente”, a pesar de los riesgos previamente advertidos. Es interesante notar que muchos analistas sugieren que deberíamos estar más preocupados cuando el FMI comienza a emitir pronósticos positivos. A pesar de la ironía, el Fondo también ha advertido sobre los bajos niveles de desarrollo económico en las principales economías. La clave del crecimiento radica en la inversión en inteligencia artificial, un entorno financiero favorable y la flexibilidad del sector privado, lo que ayuda a mitigar los efectos negativos de las tensiones geopolíticas y comerciales.
Las proyecciones recientes apuntan a un crecimiento estadounidense del 2,4% en 2026, una revisión significativa respecto a las expectativas de octubre de 2026, impulsada por datos económicos mejores de lo anticipado y un importante aumento en la inversión tecnológica. Para 2027, se prevé un crecimiento moderado del 2,0%, aún superior al promedio de las economías avanzadas.
Desafíos en Europa y América Latina
En contraste, el panorama en Europa es más preocupante. El FMI anticipa un crecimiento moderado, proyectando un PIB real del 1,3% en 2026 y un 1,4% en 2027. A pesar de los esfuerzos para estimular la economía, como el plan Next Generation EU, la recuperación sigue siendo lenta y se basa en un aumento del gasto público que podría resultar insostenible.
Por su parte, Alemania apenas muestra señales de recuperación, con un crecimiento del 1,1% en 2026 y 1,5% en 2027, impulsado principalmente por un cuestionable aumento del gasto público. Francia también se encuentra en una posición débil, con crecimiento real de sólo alrededor del 1% en los próximos años, lo que resalta la diferencia con el dinamismo de EE. UU.
La situación en América Latina
En el contexto de América Latina, el FMI proyecta que Argentina experimentará un crecimiento cercano al 4% tanto en 2026 como en 2027, superando la media mundial y regional. Esta perspectiva se relaciona con el cambio de políticas del presidente Milei y los esfuerzos recientes para estabilizar la economía. De ser un rezagado crónico, Argentina se posiciona como un líder en el escenario del FMI, especialmente en comparación con las débiles proyecciones para México y Brasil.
Las políticas de oferta, el enfoque en el sector privado y la reducción de la intervención estatal en el sector energético han permitido a EE. UU. y Argentina ser considerados los motores de crecimiento en medio del estancamiento de Europa y partes de América Latina.
Esta situación se debe a que en la mayoría de los países desarrollados, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) parece estar impulsado artificialmente por el aumento del gasto público, lo que lleva a un incremento de la deuda y, en consecuencia, a futuros aumentos de impuestos que afectan negativamente la inversión y la productividad.0