El 25/02/2026 quedó marcado para muchos inversores por un repentino deterioro en el precio del bitcoin. Lo que muchos atribuyeron a movimientos técnicos estuvo estrechamente vinculado a decisiones políticas: la reanudación de la guerra de aranceles promovida desde la Administración de Donald Trump y la consecuente reacción de los mercados impulsaron ventas que llevaron al activo a perforar zonas clave cerca de US$65.000.
En pocas semanas la criptomoneda acumuló una pérdida considerable dentro de un ajuste más amplio iniciado tras el halving de 2026.
Detrás del retroceso hay una mezcla de factores macro y estructurales: tensión comercial internacional, señales inciertas sobre la política monetaria de la Reserva Federal, y una reversión de flujos en productos institucionales como los ETF de bitcoin.
Ese cóctel elevó la volatilidad y aceleró el desapalancamiento de participantes apalancados, dejando a muchos ahorradores expuestos a pérdidas rápidas.
Cómo los aranceles actuaron como catalizador
La reacción del mercado al anuncio y las medidas arancelarias tuvo efecto inmediato sobre el apetito por riesgo.
La decisión de reactivar tensiones comerciales en Estados unidos coincidió con una jornada en la que el bitcoin tocó mínimos intradía cerca de US$64.300, con caídas de casi 5% en un solo día. Esa corrección no se dio en aislamiento: índices como el S&P 500 y el Nasdaq 100 registraron también descensos, lo que reforzó la narrativa de que los activos de mayor beta se venden primero ante la incertidumbre.
Riesgo político y percepción de liquidez
Analistas han señalado que la relación entre política comercial y criptomonedas se volvió más clara en 2026. La discusión sobre aranceles reaviva temores sobre inflación y déficit, y con ello las expectativas sobre tasas y la reducción del balance de la Fed. En ese entorno, cualquier noticia geopolitica o comercial se transforma en un detonante para reequilibrar carteras, especialmente cuando el mercado presenta una contracción de liquidez.
La institucionalización que facilitó ventas
En los últimos años el acceso institucional —a través de ETF al contado, fondos de cobertura y asesores— amplió la base inversora, pero también creó canales eficaces para salidas masivas. Desde octubre se registraron retiros significativos de los ETF, que totalizan miles de millones de dólares y muestran que la infraestructura diseñada para atraer capital facilitó su salida bajo estrés. Esa dinámica se traduce en mayor velocidad de ajuste durante episodios adversos.
Desapalancamiento y señales técnicas
Indicadores del mercado muestran un proceso de desapalancamiento: liquidaciones por miles de millones y una caída sustancial del interés abierto en derivados, lo que reduce la profundidad de mercado. Con una volatilidad superior al 30% en bitcoin, la desaparición temporal de liquidez aumenta el impacto de órdenes grandes, comprimiendo precios y ampliando movimientos intradía. Técnicamente, niveles como US$60.000 actúan como referencia; su quiebre sostenido abriría la puerta a ajustes mayores hacia rangos de US$40.000–US$50.000, coherentes con retrocesos históricos post-halving.
Contrastes: oro, flujos y narrativa de refugio
La idea de que el bitcoin funciona como un ‘oro digital’ se ha vuelto más discutida. En periodos recientes el oro captó entradas netas en ETF por miles de millones, mientras que los fondos de bitcoin registraron salidas. Esa divergencia cuestiona la capacidad del bitcoin de comportarse como refugio en momentos de tensión, y muestra que muchos inversores tratan al activo como un valor de alta beta, no como un instrumento de cobertura tradicional.
Aun así, existen argumentos a favor del activo a medio-largo plazo: la acumulación institucional en balances, la oferta limitada de producto y la persistencia de una base de stablecoins que funciona como liquidez latente. Estos factores no descartan la volatilidad, pero ofrecen una explicación a por qué la depreciación reciente no elimina por completo la demanda estructural.
Qué puede marcar el punto de inflexión
El destino de la corrección dependerá de la confluencia entre tres vectores: la evolución de la política monetaria de la Fed (incluyendo debates sobre recortes y reducción del balance), la estabilidad de los flujos institucionales y la continuidad de tensiones comerciales o geopolíticas. La reacción del mercado cerca de US$60.000 será clave para determinar si 2026 representa el inicio de una fase más profunda de ajuste o el punto medio de un ciclo bajista transitorio.