En un contexto internacional marcado por tensiones y enfrentamientos regionales, el representante especial del secretario general de la OTAN para la Vecindad Sur, Javier Colomina, ha abogado por una Alianza más fuerte, un incremento del gasto militar y un impulso decidido a la autonomía estratégica europea en materia de defensa.
Estas ideas fueron expuestas en un foro organizado por EXPANSIÓN, donde Colomina puso el acento en la combinación entre solidaridad transatlántica y el desarrollo de capacidades propias para responder a crisis complejas que afectan a la seguridad colectiva.
La intervención de Colomina recoge asimismo la coexistencia de distintas posiciones entre aliados: por un lado, la firmeza en el compromiso con el vínculo entre Europa y EEUU y, por otro, la necesidad de que los países europeos aumenten recursos y producción en el ámbito militar.
Frente a ataques regionales con impacto sobre países de la Alianza, la discusión gira en torno a cómo equilibrar cooperación internacional y soberanía industrial para garantizar suministros críticos en situaciones de conflicto.
Compromiso transatlántico y defensa colectiva
Colomina defendió que, pese a oscilaciones políticas en algunos aliados, la esencia del bloque sigue siendo la defensa colectiva.
El artículo 5 —calificado por él como un pilar inalterable— se mantiene como garantía, y la incorporación reciente de Finlandia y Suecia refuerza la cohesión. No obstante, el representante subrayó que la Alianza necesita consolidar vínculos y capacidades para poder actuar con eficacia cuando se produzcan crisis como las que han implicado la interceptación de misiles dirigidos a territorios aliados.
Disentimientos sobre la participación en conflictos
Ante episodios de violencia que afectan a la región sur y el Golfo, Colomina descartó por el momento la participación directa de la OTAN en un conflicto entre EEUU y otros actores, si bien admitió que la dinámica internacional refuerza la urgencia de avanzar en capacidad de defensa propia. Esa visión se combina con la comprensión de que la cooperación con Estados Unidos sigue siendo estratégica, aunque España y otros socios reclamen mayor soberanía material para reducir vulnerabilidades en situaciones prolongadas.
El debate sobre cuánto gastar: 2%, 2,1%, 3,5% y más
El nivel de gasto en defensa es uno de los puntos más polémicos. El Gobierno español, representado por la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, ha ratificado el objetivo de mantener un 2% del PIB dedicado a defensa durante 2026, destacando que esto supone un Aumento significativo frente a proyecciones previas y que el presupuesto supera los 34.000 millones de euros. Sin embargo, desde la OTAN Colomina señala que los objetivos de capacidades pactados con los aliados requieren un desembolso superior al 2,1% y que la Alianza sitúa ese umbral en torno al 3,5% del PIB.
Cláusula de revisión y tensiones políticas
En ese sentido, Colomina recordó la existencia de una cláusula de revisión para 2029 que permitirá evaluar dónde se encuentra cada aliado respecto a sus compromisos y objetivos de capacidades. Mientras tanto, persiste la diferencia entre la cifra política que algunos dirigentes defienden —e incluso presiones para llegar al 5% por parte de actores externos— y la lectura de la OTAN, que prioriza el cumplimiento de capacidades concretas por encima de la simple referencia porcentual.
Dependencias industriales y la urgencia de producir en Europa
Uno de los mensajes más recurrentes de Colomina fue la vulnerabilidad derivada de la dependencia industrial: casi el 80% del material militar que compran los países europeos procede de fuera del continente y aproximadamente el 70% se adquiere a EEUU. El representante puso de ejemplo a Ucrania, que compra misiles a través de mecanismos que canalizan fondos europeos para adquirir sistemas estadounidense, señalando que, en muchos casos, «Europa no es capaz de generar esos misiles» y por tanto debe acelerar decisiones de soberanía industrial.
La conclusión de Colomina es nítida: Europa debe construir una base industrial más sólida que permita producir equipamiento crítico, reducir riesgos de suministro y garantizar una respuesta autónoma ante crisis. Para ello será preciso combinar inversiones públicas, planes industriales ambiciosos y cooperación entre Estados, con la mira puesta en asegurar que las capacidades acordadas con la OTAN sean realmente alcanzables.