Andrew Ross Sorkin, figura central del periodismo económico estadounidense, ha vuelto a ocupar los titulares al vincular la gran depresión de 1929 con la actual ola de inversiones en inteligencia artificial. Conocido por su bestseller Too Big to Fail que narró la crisis bancaria de 2008, Sorkin pasó ocho años excavando cartas, memorias inéditas y registros de la Reserva Federal para reconstruir el colapso de Wall Street ocurrido hace casi cien años.
Su nuevo libro, basado en fuentes inéditas, muestra que la crisis financiera de 1929 no fue sólo una cuestión de valores sobrevalorados, sino también el resultado de un sistema de apalancamiento extremo: los inversores compraban acciones con apenas un 10-20 % de pago en efectivo, financiando el resto con préstamos garantizados por las mismas acciones. Esa vulnerabilidad, asegura Sorkin, se ha trasladado al siglo XXI bajo la forma de créditos masivos para proyectos de IA impulsados por gigantes como Nvidia, Microsoft o Google.
El paralelismo entre la burbuja de 1929 y la euforia actual por la IA
Aunque el autor evita equiparar directamente los dos periodos, admite que la psicología de los mercados muestra rasgos repetitivos. La optimismo desmedido que llevó a los corredores de 1929 a especular con deuda se refleja hoy en la fiebre por la IA, donde los bancos conceden financiamiento a empresas con poco historial, confiando en la promesa de retornos astronómicos. «Cada ola nos seduce creyendo que hemos aprendido de la historia, pero volvemos a caer», advierte Sorkin, recordando que la lección más clara de la Gran Depresión es la peligrosidad del sobreapalancamiento.
En sus investigaciones, Sorkin descubrió que la práctica de los corredores de la época —prestar dinero para comprar acciones— tiene un eco moderno: Nvidia, líder en chips para IA, está estructurando su negocio de forma que los clientes a menudo financien la compra de hardware mediante líneas de crédito, replicando la dinámica de 1929 pero con tecnología de última generación. Según el periodista, esa estrategia alimenta una fragilidad sistémica que podría desencadenar una nueva turbulencia si los precios de las acciones de IA comenzaran a declinar bruscamente.
El debate público sobre la «superinteligencia» y la postura del gobierno
En paralelo a sus análisis históricos, Sorkin ha protagonizado un intercambio televisivo con el Director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, quien reutilizó sin cesar el término “superinteligencia”, acuñado por el expresidente Donald Trump en una encuesta de Truth Social. Durante la entrevista en Squawk Box Clayton repitió la expresión siete veces, lo que provocó la burla del propio Sorkin, quien preguntó a modo de sarcasmo si OpenAI debería cambiar su nombre. La escena dejó al descubierto cómo la retórica oficial a menudo se apalanca en slogans políticos en lugar de abordar los riesgos estructurales reales.
El intercambio subraya la desconexión entre la narrativa del poder y la realidad del mercado financiero. Mientras los funcionarios hablan de «liderar en superinteligencia» y de proteger al pueblo, los analistas como Sorkin señalan que la verdadera amenaza radica en el apalancamiento financiero que respalda la expansión de la IA. Esa divergencia, según el autor, podría retrasar medidas regulatorias necesarias para mitigar una posible crisis.
Lecciones para inversores y reguladores
Para los inversores, la advertencia de Sorkin es clara: la apuesta por la IA no debe basarse solo en la fascinación tecnológica, sino también en una evaluación rigurosa del endeudamiento subyacente. La historia de 1929 enseña que la confianza ciega en la innovación sin considerar la sostenibilidad de los financiamientos puede producir colapsos devastadores. Los reguladores, por su parte, podrían beneficiarse de volver a examinar los modelos de préstamo que permiten a los corredores comprar acciones con mínima aportación de capital, una práctica que la Reserva Federal intentó frenar después de la Gran Depresión.
La clave para evitar una nueva catástrofe radica en reconocer que la deuda sigue siendo la cerilla que enciende las grandes crisis, ya sea en los años veinte o en la era de la inteligencia artificial.



