El pasado 29 de octubre, la mayor casa de cambio de cripto del planeta vio cómo más de 6.300 millones de dólares desaparecían de sus carteras calientes. El ataque, catalogado como el mayor robo de criptomonedas de la historia, puso bajo presión los mecanismos de seguridad de Binance y desencadenó una cadena de reacciones en la industria.
Según la investigación preliminar de la propia Binance, los ciberdelincuentes lograron vulnerar el portátil de un ingeniero de operaciones. Desde ese punto de acceso, se autorizaron retiros masivos hacia direcciones externas en diez cadenas de bloques diferentes, incluyendo Ethereum, Bitcoin, Tron y XRP. En menos de veinte minutos, el saldo se redujo en alrededor de 3.790 millones en Ethereum, 1.470 millones en Bitcoin y varios cientos de millones en las demás criptomonedas citadas.
Detalles del ataque y cifras implicadas
El método empleado combinó firmas digitales preautorizadas y comandos internos para manipular las hot wallets – monederos conectados a internet que gestionan los retiros diarios. En la cadena de Ethereum, el atacante utilizó 50 autorizaciones firmadas con antelación, mientras que en las otras redes las transacciones fueron validadas de forma convencional, evidenciando una planificación de al menos 36 horas. La pérdida total supera con creces el récord anterior de Bybit (1.500 millones) y casi duplica el total robado en el sector durante 2025 (3.400 millones).
Respuesta de Binance y uso del fondo SAFU
Binance activó de inmediato su Fondo de Activos Seguros para los Usuarios (SAFU), creado para afrontar incidentes cibernéticos. A la fecha del comunicado, el SAFU disponía de 1,23 mil millones de dólares en Bitcoin, lo que cubre parcialmente el daño, aunque el fondo perdió cerca de 100 millones al desplomarse el precio del Bitcoin tras el ataque. La compañía aseguró que la diferencia será financiada con reservas corporativas, declarando que “todos los usuarios serán reembolsados con fondos propios y del SAFU”.
Para frenar la fuga de activos, los emisores de stablecoins Tether y Circle congelaron, respectivamente, 1.770 millones de USDT y 825 millones de USDC, sumando casi 3.000 millones de dólares bloqueados. Binance informó que estos fondos congelados servirán para recomponer parte del saldo robado una vez que las autoridades los liberen.
Congelación de stablecoins y colaboración con emisores
Los emisores de stablecoins, al ser activos vinculados al dólar, pueden ser inmovilizados de forma centralizada, lo que resultó crucial para limitar el daño. Además, Binance trabajó de la mano con empresas de inteligencia blockchain, como TRM Labs, y con agencias reguladoras para rastrear los flujos y congelar transacciones adicionales. No se detectó filtración de claves privadas de sus monederos, lo que sugiere que el vector de ataque se centró en la capa operativa y no en la criptografía subyacente.
Impacto en el mercado y opiniones de expertos
El robo provocó una caída inmediata del precio de Bitcoin, que tocó los 76.320 dólares, su nivel más bajo en seis semanas, aunque se recuperó rápidamente a los 78.000 dólares. Las criptomonedas “estables” mantuvieron su rango, reflejando la efectividad de la congelación. Analistas como Cristiano Ventricelli, vicepresidente de Moody’s Ratings, advierten que la concentración de riesgos en plataformas centralizadas aumenta la vulnerabilidad sistémica y que controles institucionales más estrictos son imprescindibles.
En redes sociales, la disputa entre el fundador de Binance, Changpeng Zhao, y el CEO de SpaceX, Elon Musk, resaltó la tensión entre los líderes del sector. Zhao defendió la solidez financiera de su empresa, señalando que su patrimonio supera los 100.000 millones de dólares y que la participación de Binance en SpaceX está valorada en más de 1.000 millones. A su vez, Musk reaccionó con un emoji despectivo, subrayando la magnitud del escándalo.
Aunque el robo representa alrededor del 4,4 % del total de criptoactivos bajo custodia de Binance (cerca de 144.000 millones), la compañía confía en que su fondo SAFU y los recursos internos podrán absorber la pérdida sin comprometer la operatividad. El caso pone de relieve la necesidad de reforzar los procesos internos y la vigilancia de los puntos de acceso humano, que siguen siendo el eslabón más vulnerable en la seguridad de los ecosistemas cripto.



