La contabilidad oficial refleja que España captó 30.764 millones de euros de inversión extranjera en el último ejercicio, una cifra que supone una reducción del 21,8% respecto al año anterior. Aunque la economía mostró datos macroeconómicos favorables, la confianza de los inversores internacionales se debilitó por una combinación de factores externos y decisiones internas que han reducido el atractivo del país.
Entre las razones señaladas por analistas y fuentes oficiales figuran la creciente inseguridad jurídica, episodios de tensiones políticas y choques en el comercio internacional tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. A esto se suman eventos concretos con impacto económico significativo y la percepción, reforzada por índices especializados, de un entorno regulatorio menos previsible.
Por qué descendió la atracción de capitales
Experiencias recientes explican la caída: el índice de Seguridad Jurídica (ISJ) del Instituto Juan de Mariana muestra un empeoramiento de España dentro de la Unión Europea, situándola en una posición inferior entre los Veintisiete.
El avance de políticas controvertidas y las prórrogas presupuestarias han alimentado dudas sobre la estabilidad normativa. Además, incidentes puntuales como el apagón del 28 de abril provocaron pérdidas económicas estimadas en 1.600 millones de euros, lo que afectó a la percepción de riesgo entre los inversores.
Concentración territorial y cambios significativos
La distribución de los flujos evidencia un trasvase: la Comunidad de Madrid sigue siendo el epicentro de la inversión extranjera con 15.970 millones de euros, el 51,9% del total, pese a que su recepción experimentó un hundimiento del 40% respecto al año anterior. Esta centralización contrasta con el comportamiento de otras autonomías, algunas en retroceso y otras con avances destacados.
Descensos y sorpresas por comunidades
Mientras Cataluña vio reducida su entrada de capital hasta 4.510 millones (-14,2%), comunidades menos habituales en el mapa inversor registraron crecimientos llamativos. Aragón multiplicó su captación un 262,8%, alcanzando 3.387 millones, impulsada por anuncios de grandes multinacionales y proyectos de capacidad tecnológica, entre ellos compromisos privados de alcance plurianual como el planteado por Amazon para ampliar centros de datos hasta 2035.
Casos de crecimiento relativo
Otras regiones con cifras más modestas en volumen pero con incrementos notables incluyen Extremadura (de 3,2 a 324,9 millones), La Rioja (de 16,2 a 436,2 millones) y Cantabria (de 34,2 a 378,9 millones). Estos movimientos muestran que la inversión puede redistribuirse rápidamente ante proyectos localizados o incentivos concretos.
Origen de los capitales y tendencias globales
Por procedencia, los socios de la Unión Europea siguen siendo la principal fuente, con 17.292 millones de euros, aunque esa cifra se quedó un 29,6% por debajo del año previo. En el plano individual, Estados unidos aparece como el país desde el que llegaron más fondos, con más de 6.400 millones brutos no sujetos al régimen de ETVE (esto es, sin los efectos fiscales de las Entidades de Tenencia de Valores Extranjeros).
Respecto a otros mercados, la inversión procedente del Reino Unido sufrió un desplome del 72,4%, hasta 2.322 millones, pese a los acuerdos de movilidad y cooperación promovidos por representantes como el ministro Carlos Cuerpo y su homóloga británica Rachel Reeves. En un contexto de guerra arancelaria y proteccionismo creciente, los flujos internacionales muestran una mayor volatilidad y selectividad sectorial.
Conclusiones y perspectivas
El balance sitúa a España en el peor registro de inversión extranjera bruto en cuatro años desde la recuperación postpandemia; excluyendo 2026 y 2026, es el segundo peor dato desde la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno. A pesar de los llamamientos oficiales y del anuncio del lanzamiento de un fondo soberano con capacidad para movilizar hasta 120.000 millones entre recursos públicos y privados, la recuperación plena de los flujos dependerá de la mejora en la seguridad jurídica, la estabilidad política y la resolución de tensiones comerciales internacionales.
En definitiva, la inversión extranjera en España atraviesa una fase de concentración territorial y de realineamiento por origen y sectores. La segunda mitad del ejercicio mostró cierto repunte, pero no bastó para compensar el desplome de los primeros meses: la competencia entre comunidades por atraer proyectos y la gestión de la percepción de riesgo serán claves para revertir la tendencia.