En los últimos años la deuda pública mundial ha crecido de forma desmesurada, alcanzando la cifra histórica de 353 billones de dólares lo que equivale a alrededor del 94 % del PIB global. El Fondo Monetario Internacional ha advertido que, de mantenerse la tendencia, esa proporción podría acercarse al 99 % para 2028, y algunos escenarios extremos la sitúan por encima del 110 %. Este nivel de endeudamiento proviene de años de estímulos fiscales, rescates financieros y paquetes de ayuda, que en su momento parecían manejables mientras los tipos de interés permanecían bajos.
Hoy, sin embargo, el panorama ha cambiado radicalmente. Desde principios de 2022, los rendimientos de los bonos soberanos a diez años han subido entre 180 y 380 puntos básicos, situándose en torno al 5 % en Estados Unidos, 3,5 % en Alemania y más del 4 % en España. Estos niveles se acercan a los observados durante la crisis de 2008 y implican que financiar la deuda ya no es tan barato. Cada punto porcentual adicional eleva el coste del servicio de la deuda en cientos de miles de millones de dólares al año.
Deuda global en niveles históricos y sus implicaciones
Una de las consecuencias más visibles es la creciente presión sobre los presupuestos nacionales. Entre los países del G7, el gasto en intereses supera este año a la inversión en defensa en todos, salvo Alemania y Canadá, acumulando alrededor de 2 billones de euros en pagos de intereses. La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) indica que 61 naciones destinan más del 10 % de sus ingresos fiscales exclusivamente al servicio de la deuda. Cuando una parte importante del erario se desvía a pagar intereses, se reduce la capacidad de financiar salud, educación y pensiones, lo que genera tensiones sociales y políticas.
El salto de los rendimientos de los bonos soberanos
El último hito de los mercados financieros se registró esta semana, cuando el rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años cruzó el 5,04 %, su nivel más alto desde 2007, y el bono a 30 años llegó al 5,40 %. Este movimiento refleja la combinación de una deuda federal que supera los 40 billones de dólares, una inflación que se mantiene alrededor del 3,4 % y un nuevo shock energético que ha llevado el precio del crudo a los 108 dólares por barril. La Reserva Federal, anticipando la necesidad de contener la inflación, podría subir los tipos en 25 puntos básicos, lo que encarecería aún más el refinanciamiento de la deuda existente.
Impacto en los presupuestos y en los mercados financieros
El aumento de los tipos afecta directamente a los flujos de capital. En EE. UU., el costo del servicio de la deuda crecerá a más de 1 billón de dólares este año, superando el gasto en defensa. Al mismo tiempo, la rentabilidad de los bonos se vuelve más atractiva que la de las acciones, lo que ha provocado la primera caída de la confianza en el Dow Jones en meses, con una caída del 1,6 % en la última semana. En Europa, Alemania ya paga 3,5 % y España más del 4 % por sus bonos a diez años, mientras que la inflación energética empuja al alza los precios de los combustibles, encareciendo la producción y el consumo.
Otro factor que agrava la situación es la enorme oferta de nuevos bonos. La OCDE estima que en 2024 los gobiernos y empresas emitirán alrededor de 29 billones de dólares en los mercados de bonos, un 17 % más que el año anterior. Sin embargo, el 78 % de esas emisiones están destinadas a refinanciar deudas vigentes, no a financiar proyectos productivos. Esta dinámica de “renovar la deuda con más deuda” aumenta la vulnerabilidad del sistema ante cualquier deterioro en la confianza de los inversores.



