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3 noviembre 2026

Silicon Valley impulsa guerra subterránea y midterms en EE. UU.

Los millonarios de la tecnología apuestan por la guerra bajo tierra y por decidir el futuro político de EE. UU. en las próximas midterms.

Silicon Valley impulsa guerra subterránea y midterms en EE. UU.

En los últimos meses, Washington ha anunciado que está trabajando en una nueva doctrina militar denominada Project Meridian. El programa, liderado por el secretario de guerra Pete Hegseth, busca transformar la forma tradicional de combatir, trasladando gran parte de la acción a la dimensión subterránea. La idea no es nueva: durante la Guerra Fría tanto EE. UU. como la Unión Soviética experimentaron con máquinas capaces de perforar la roca. Hoy, la apuesta se centra en combinar inteligencia artificial y robótica para mover armas, suministros e incluso personal bajo tierra.

Los protagonistas tecnológicos del proyecto

El diseño de Project Meridian cuenta con la mirada de figuras emblemáticas de la política y la industria. El ex presidente de la Cámara, Newt Gingrich, de 83 años, ha calificado a Donald Trump como “el mejor político de nuestra era” y respalda la iniciativa como una forma de preservar la supremacía militar estadounidense. A su lado, Elon Musk aporta su experiencia en túneles a través de The Boring Company, cuya valoración supera los 23.000 millones de dólares, y Palmer Luckey, fundador de Anduril Industries, dirige la parte de robots asesinos y sistemas de IA que, según él, deberían ser desarrollados antes de que la Guerra Fría se convierta en mito.

Anduril ya ha presentado varios prototipos de vehículos capaces de excavar y desplegar armamento de forma autónoma. Luckey argumenta que la fabricación de estos engendros es mucho más barata que en los años 80, y que la guerra subterránea será el nuevo frente dominante, relegando el espacio a un papel secundario. No está solo: la startup Traysar Industries, respaldada por la firma de capital riesgo Silent Ventures, recibió 25 millones de dólares para crear soluciones que garanticen la supremacía militar estadounidense en el subsuelo. Según su cofundador Yadin Soffer, China ya invierte fuertemente en instalaciones subterráneas, y Estados Unidos no puede permitirse quedarse atrás.

Financiamiento masivo y su impacto electoral

Mientras se construyen túneles bajo la frontera, los mismos magnates están inundando la contienda de midterms con sumas históricas. Elon Musk, propietario de X, ha aportado cerca de 446 millones de dólares a campañas republicanas con el objetivo de reforzar a los candidatos que favorezcan una regulación laxa de la inteligencia artificial y faciliten la expansión de centros de datos. Otros grupos, como el super-PAC Leading the Future, canalizaron 75 millones de dólares, gran parte de ellos provenientes de Greg Brockman, presidente de OpenAI, y su esposa.

Las encuestas reflejan el clima de desconfianza. Un estudio del Pew Research Center muestra que la mitad de los estadounidenses percibe la IA con mayor temor que con ilusión. El Annenberg Public Policy Center indica que solo un 17 % cree que la IA tendrá un impacto positivo en la próxima década, mientras que el 42 % anticipa efectos negativos. Además, la mayoría bipartidista opina que el Gobierno ha hecho poco por regularla. En paralelo, una encuesta de Gallup revela que siete de cada diez ciudadanos rechazan la construcción de centros de datos en sus comunidades, y la CNBC destaca que la corrupción en la administración supera al aumento de los precios de alimentos y gasolina como principal preocupación de los votantes.

Esta corriente anti-corrupción se ha traducido en campañas locales. En Texas, el demócrata James Talarico utilizó la oposición a los centros de datos y la cercanía de Musk con el Partido Republicano para posicionarse contra el candidato republicano Ken Paxton, quien ha dependido de donaciones de super-PAC y de Musk. En Michigan, el demócrata Abdul El-Sayed denunció el influjo de fondos del lobby pro-israelí AIPAC, intentando distanciarse de la percepción de que la política está comprada.

Una nueva dimensión de conflicto

El salto de la superficie al subsuelo no es simplemente una cuestión logística; implica un cambio de paradigma estratégico. Según Luckey, la guerra subterránea permitirá mover equipos sin ser detectados por satélites o radares, y reducirá los costos operativos. La idea de convertir túneles en campos de batalla recuerda a la red de galerías construidas en 1940 por Winston Churchill en los acantilados de Dover, que hoy son atracción turística. Sin embargo, la diferencia radica en que los actuales proyectos buscan activamente operaciones ofensivas, no solo refugios.

En el recientemente celebrado Impact 250 en Washington, la empresa Armada Tech presentó la plataforma Terminus, un sistema móvil montado sobre camión capaz de perforar y proteger infraestructuras críticas bajo tierra. La colaboración entre Armada Tech y Traysar apunta a ofrecer soluciones integradas de procesamiento seguro de IA, mando y control, y comunicaciones para EE. UU. y sus aliados. La convergencia de intereses militares y políticos bajo la égida de los magnates tecnológicos plantea preguntas sobre la soberanía, la ética y la transparencia en una era donde la guerra y la política se funden bajo la misma capa de tierra.