En 2026 el planeta carga con una cifra asombrosa: 350 billones de dólares de deuda acumulada por gobiernos, empresas, bancos y hogares. Ese número equivale a tres veces el Producto Interior Bruto (PIB) mundial, según el Institute of International Finance. Lejos de ser una anomalía, la deuda es un instrumento financiero que puede impulsar la actividad o, si se gestiona mal, convertirse en una carga insoportable.
Dos de los mayores actores de la zona euro, España y Francia, ilustran cómo la escalada de la deuda y el aumento de los tipos de interés pueden desestabilizar economías desarrolladas. A continuación, se analizan los datos más recientes y sus posibles repercusiones.
Deuda mundial: la magnitud del problema
El último cálculo del IIF sitúa la deuda global en 350 billones de dólares, una suma que supera con creces la producción anual de bienes y servicios a nivel planetario. Este nivel de endeudamiento se traduce en una presión constante sobre los mercados de crédito, que deben absorber una creciente demanda de financiamiento. Cuando los tipos de interés suben, como ha ocurrido en la eurozona (alrededor del 2,5 %) y en Estados Unidos (cerca del 4 %), el costo del servicio de la deuda se dispara, drenando recursos que podrían destinarse a inversión pública o privada.
Evolución de la deuda pública española bajo el Gobierno de Sánchez
En julio de 2026, la cifra oficial de la deuda española cayó brevemente 18.683 millones de euros, pero la reducción se debió únicamente a un desfase temporal entre refinanciaciones y amortizaciones. La tendencia estructural sigue al alza: desde que Pedro Sánchez asumió el poder, la deuda ha aumentado casi 600.000 millones de euros, situándose en 1,744 billones de euros. Eso equivale a un crecimiento medio de 200 millones de euros al día, o 136.568 euros cada minuto.
El aparente alivio surgió de ingresos extra provenientes de la inflación, que infló la recaudación tributaria. Sin embargo, el déficit estructural persiste alrededor del 4 % del PIB, y el ratio deuda/PIB ronda el 100 %. El gobierno ha empleado los ingresos extraordinarios para financiar gasto corriente, sin lograr una amortización sostenible. Si los tipos de interés continúan su ascenso, el peso de los intereses podría absorber recursos equivalentes a los presupuestos de Educación o Defensa, agravando la vulnerabilidad fiscal.
Francia: el nuevo eslabón débil de la zona euro
Con una deuda que alcanzó el 117,5 % del PIB a finales de marzo de 2026 (aproximadamente 3,5 billones de euros) y un déficit proyectado del 5,4 % del PIB, Francia muestra señales de deterioro fiscal. El rendimiento de sus bonos a 10 años llegó al 4,50 % en septiembre, el nivel más alto desde 2008, y supera a los de Italia, España y Grecia. Este «spread» de 100 puntos básicos respecto a la tasa alemana indica una creciente desconfianza de los inversores.
El alto costo de la deuda, estimado en 65.000 millones de euros este año, representa una carga mayor que la de varios ministerios combinados. Si la evolución de la economía francesa sigue por debajo del crecimiento del costo medio de la deuda, el llamado «efecto bola de nieve» podría intensificarse, poniendo en riesgo la estabilidad de la zona euro. Aunque el BCE sigue dispuesto a intervenir, la combinación de tensiones políticas internas y la presión de los mercados crea un escenario delicado.
En conjunto, la acumulación de déficits y la subida de los tipos de interés crean una espiral que amenaza la solvencia de los países más grandes de la eurozona. El desafío está en encontrar vías de ajuste que no sacrifiquen el crecimiento, mientras se mantiene la confianza de los mercados internacionales.



