En las últimas semanas cientos de miles de ciudadanos han tomado las calles de París y otras ciudades para condenar los recortes presupuestarios anunciados para 2027. Simultáneamente, el mercado de bonos ha mostrado su descontento mediante una oleada de ventas que ha encarecido el costo de financiación del Estado francés hasta cerca del 5 % el nivel más alto en casi veinticinco años.
Los estudiantes, enfermeros y docentes han protagonizado bloqueos y enfrentamientos con la policía, lo que ha derivado en miles de detenciones. Estas manifestaciones reflejan una presión interna que se suma a la tensión externa ejercida por los inversores, que cada vez ven con mayor recelo la capacidad de Francia para controlar su endeudamiento.
Aumento del coste de financiación y brecha con Alemania
El deuda pública francesa ha alcanzado los 3,5 billones de euros, representando aproximadamente el 120 % del PIB, una proporción muy superior a la media de la eurozona. En apenas un mes, el diferencial de tipos que Francia paga para financiarse en comparación con la deuda alemana –considerada el activo ultraseguro de la zona– se ha disparado casi un 66 % situándose en 1,4 puntos porcentuales para emisiones a diez años. Esta brecha se acerca a los niveles observados durante la crisis de la deuda europea.
Curiosamente, algunas grandes corporaciones francesas, como LVMH o Sanofi, están adquiriendo bonos a tasas más bajas que las del propio Estado, lo que evidencia la creciente desconfianza del mercado frente a la capacidad fiscal del país. El Banco de Francia a través de su gobernador Emmanuel Moulin, ha catalogado la situación como «grave y preocupante«, aunque insiste en que Francia puede retomar el rumbo.
Reacción de autoridades y perspectivas de política fiscal
El ex-ministro de Finanzas Pierre Moscovici recordó que «ya estamos inmersos en una crisis profunda, estructural y de lenta evolución» y advirtió que Francia es «probablemente demasiado grande para quebrar, pero no demasiado grande para que los mercados la castiguen». En la misma línea, el gobernador del Banco de Francia subrayó que el futuro presidente tendrá que enfrentarse a tipos de interés elevados y a la obligación de reducir el déficit por debajo del 3 % y el endeudamiento.
El gobierno, encabezado por el primer ministro Sébastien Lecornu presentó la semana pasada un proyecto de presupuesto que incluye recortes de 43 000 millones de euros y aumentos impositivos, con medidas como la limitación del aumento de pensiones y la congelación parcial de salarios de funcionarios. Sin embargo, la oposición parlamentaria y los movimientos sociales temen que esas decisiones sean insuficientes para frenar la escalada del déficit, que se prevé alcance el 5,4 % en 2027.
Implicaciones electorales y riesgo para la eurozona
El escenario se complica de cara a las elecciones presidenciales previstas para abril. La líder del extremo derecho, Marine Le Pen ha prometido recortes de 140 000 millones de euros en cinco años y la fijación de un límite de deuda pública del 60 % del PIB. Al mismo tiempo, el candidato de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon se sitúa como posible rival en una segunda vuelta, aunque sus propuestas incluyen la cancelación de bonos del banco central, lo que genera inquietud entre los tenedores de deuda.
Analistas como Mike Riddell de Fidelity International advierten que los mercados empiezan a percibir a Francia como una posible «nueva periferia» de la eurozona. La creciente diferencia de rendimiento entre los bonos franceses y los alemanes ha reavivado el debate sobre una posible intervención del Banco Central Europeo. Mientras algunos funcionarios consideran que el BCE podría actuar para evitar un contagio, la mayoría coincide en que la verdadera salvación reside en la capacidad de los franceses y sus representantes para implementar una consolidación fiscal firme.



