La computación cuántica se perfila como una de las mayores amenazas para la seguridad de las criptomonedas. A diferencia de lo que muchos imaginan, el primer ataque cuántico no será un robo espectacular de los bitcoins de Satoshi Nakamoto, sino una serie de brechas inexplicables en sistemas aparentemente seguros.
En España, seis entidades financieras —BBVACecabankOpenbankRenta 4CaixaBank y Kutxabank— ofrecen servicios de criptoactivos bajo la licencia europea MiCA. Sin embargo, ninguna de ellas está completamente preparada para enfrentar el riesgo que representa la computación cuántica.
El riesgo cuántico: una amenaza silenciosa
La criptografía de curva elíptica utilizada por la mayoría de las blockchains, podría ser vulnerable a los avances en computación cuántica. Un ordenador cuántico lo suficientemente potente podría derivar una clave privada a partir de una clave pública expuesta, permitiendo a un atacante mover fondos sin dejar rastro.
Christopher Smith, CEO de Quantus Network explica que el primer indicio de un ataque cuántico podría ser una oleada de violaciones de billeteras de criptomonedas sin evidencia forense clara. «Cuando alguien crackea tu clave, no recibes un memorándum que diga cómo lo hizo», afirma Smith.
La estrategia ‘harvest now, decrypt later’
Además del riesgo a largo plazo que representa la computación cuántica, existe una amenaza inminente conocida como harvest now, decrypt later. Esta estrategia consiste en recopilar datos cifrados hoy y almacenarlos hasta que la tecnología cuántica permita descifrarlos. Este riesgo ya podría estar afectando a miles de entidades y agudiza la necesidad de actuar con urgencia.
Según Mike Schwitalla, director de cumplimiento de Crypto Finance las instituciones más expuestas son aquellas que han avanzado rápidamente en la digitalización de sus servicios sin incorporar la seguridad poscuántica en su hoja de ruta tecnológica.
Medidas para enfrentar el riesgo cuántico
Para protegerse contra esta amenaza, los bancos deben identificar dónde se encuentra la criptografía dentro de sus sistemas y qué procesos dependen de firmas digitales. A partir de este análisis, las acciones deberían centrarse en tres áreas principales:
- Adoptar un marco de agilidad criptográfica que permita actualizar los mecanismos de seguridad sin reconstruir toda la infraestructura.
- Revisar los contratos y dependencias con proveedores tecnológicos para garantizar que también estén incorporando estándares de criptografía poscuántica.
- Iniciar procesos de evaluación y preparar la integración de algoritmos poscuánticos ya estandarizados.
«El error más habitual es esperar a que el riesgo se vuelva urgente», advierte Schwitalla. Sustituir la criptografía en una institución financiera implica múltiples proveedores, sistemas heredados y distintos niveles de gobernanza, por lo que no es un proceso que pueda completarse de la noche a la mañana.
Mientras tanto, las blockchains no están esperando y han comenzado a migrar a firmas poscuánticas. El daño sería catastrófico si no lo hicieran.



