En un movimiento sin precedentes desde 1998, Japón y estados unidos han intervenido conjuntamente en el mercado de divisas para frenar la depreciación del yen. Esta acción, anunciada por la ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama busca estabilizar la moneda japonesa frente al dólar que había alcanzado niveles históricos de debilidad.
La intervención, realizada el 31 de julio de 2026 fue coordinada con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y se llevó a cabo en respuesta a la volatilidad excesiva y los movimientos desordenados del yen. Aunque el monto exacto de la operación no fue revelado, se espera que esta medida tenga un impacto significativo en los mercados globales.
La primera intervención conjunta en 15 años
Esta es la primera vez desde 1998 que Japón y Estados Unidos realizan una intervención conjunta en el mercado de divisas. La ministra Katayama destacó la comunicación fluida entre Tokio y Washington, subrayando que no dudarán en realizar nuevas intervenciones si es necesario. Por su parte, el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent apoyó firmemente las medidas adoptadas por Japón para corregir la infravaloración del yen.
El yen había experimentado una caída significativa, alcanzando niveles no vistos en décadas. La intervención logró un repunte inicial del 1,4% frente al dólar, aunque posteriormente recortó gran parte de esa subida en un mercado volátil. Analistas como Marc Chandler director de estrategia de mercado en Bannockburn Capital Markets estimaron el volumen de la operación en unos 53.000 millones de dólares.
El impacto en los mercados y la economía japonesa
La depreciación del yen ha sido un tema de preocupación para las autoridades japonesas, ya que ha provocado un debilitamiento de la moneda y ha afectado los mercados de bonos. El Gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi y el Banco de Japón (BoJ) habían llevado a cabo intervenciones previas entre abril y mayo, que lograron una apreciación temporal del yen desde las 160 unidades por dólar hasta las 155.
Sin embargo, el efecto de estas operaciones de estabilización se ha visto reducido, a pesar de que el BoJ subiera los tipos de interés de referencia a corto plazo al 1% en junio, su nivel más alto en más de tres décadas. La deuda pública de Japón, que alcanza alrededor del 204,4% del PIB en 2026, complica aún más la situación, ya que subir los tipos de interés podría encarecer la refinanciación de una gigantesca montaña de deuda.
El riesgo del ‘carry trade’ y las señales del mercado
El mercado de deuda japonesa está reflejando la tensión actual, con la rentabilidad del bono a diez años moviéndose alrededor del 2,8%. La presión es aún más visible en los vencimientos largos, con el bono a 30 años situándose alrededor del 4,26%. Estas rentabilidades persistentemente elevadas modifican una ecuación financiera que durante años descansó sobre unos costes de financiación excepcionalmente bajos.
El riesgo del carry trade que implica pedir prestado en una moneda barata para invertir en activos con mayor rentabilidad, también es una preocupación. Un fortalecimiento rápido del yen o un aumento en los costes de financiación podrían hacer que estas estrategias dejen de ser rentables, lo que podría provocar ventas simultáneas de acciones, bonos y otros activos de riesgo en medio mundo.
Las autoridades japonesas están dispuestas a tomar Nuevas medidas si es necesario, pero el éxito a largo plazo dependerá de la capacidad para abordar los fundamentos económicos subyacentes.



